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IRAK

Europa se divide ante la crisis de iraquí

Fotografía
Por Vicente García GandíaTiempo de lectura2 min
Internacional02-02-2003

El consenso fue posible de forma oficial: la UE decidió abogar la semana pasada por una ampliación de la misión de los inspectores de la ONU en Irak. Como señaló el presidente de turno del Consejo de Ministros de la UE, Yorgos Papandreu: "no tenemos que juzgar una fecha, sino que hablamos de completar la misión".

En efecto, el Viejo Continente daba así al régimen de Sadam "la última oportunidad de resolver la crisis de forma pacífica" pero con una exigencia: "Las autoridades iraquíes deben, de forma imperativa, suministrar a los inspectores, sin demora, información adicional y completa sobre las cuestiones suscitadas por la Comunidad Internacional". En este mismo sentido se pronunciaba el Parlamento Europeo (PE) al manifestar "su oposición a cualquier acción militar unilateral" en Irak y concluir que "un ataque preventivo no sería conforme al Derecho Internacional ni a la Carta de las Naciones Unidas" y "daría lugar a una crisis más profunda que implicaría a otros países de la zona". Según la resolución aprobada por el PE, "hay que hacer todo lo posible por evitar las acciones militares" sin olvidar que "las violaciones de la resolución 1.441 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas señaladas por los inspectores respecto a las armas de destrucción masiva no justifican el recurso a la acción militar". Pero no estaba todo dicho. Las discusiones en el marco de la política exterior europea llegaron un poco más tarde con la Carta de los Ocho de apoyo a Bush. Ocho países, Dinamarca, España, Hungría, Italia, Polonia, Portugal, Reino Unido y República Checa, cuyo objetivo es: "salvaguardar la paz y la seguridad mundiales asegurando que este régimen (iraquí) entrega sus armas de destrucción masiva. Nuestros Gobiernos comparten una misma responsabilidad: plantar cara a esta amenaza. Si no lo hacemos, seremos negligentes con nuestros propios ciudadanos y con el mundo". Las críticas desde la Presidencia de turno europea no se hicieron de rogar. Costas Simitis, el primer ministro griego, aseguraba que "la forma en que fue expresada la iniciativa de los cinco miembros de la UE y de los tres países candidatos sobre el problema iraquí no contribuye a un enfoque conjunto del caso". Simitis recordó cómo "la UE desea una política exterior conjunta", más allá de confrontaciones particulares entre los estados miembros. En palabras del mandatario griego: "no busquemos oponer una Europa a otra, cuando todos ven que defendemos los mismos principios: la firmeza hacia Irak y, a la vez, el empeño en buscar una solución a la crisis en el marco de la ONU". Al mismo tiempo que Europa se dividía entre la decisión de la Presidencia y del PE y la Carta de los Ocho, Aznar y Blair no dejaban de trabajar y convencían al mismo presidente estadounidense de la necesidad de una segunda resolución de Naciones Unidas. Eso sí, Bush exige en este caso garantías de que Francia no utilizaría su derecho de veto; aún así, las cosas no parecen fáciles porque el texano tendría que convencer todavía a Rusia y a China en el ámbito de los miembros permanentes en el Consejo de Seguridad.