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SIN ESPINAS

Planes objetivos

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura1 min
Opinión01-09-2002

Todos sabemos que, atendiendo al ciclo vital de nuestra sociedad occidental, el año comienza en septiembre. Más allá de ese invento llamado síndrome post vacacional -que separa a los horrorizados con su trabajo y a los que han luchado por trabajar en lo que les gusta- siempre es un mes de pilas cargadas, de frescos propósitos y de estancias personales por las que circulan aires renovados. Este mes también destaca porque hacen su agosto cientos de editoriales, unas auspiciadas por el Ministerio de Educación con el propósito de que los libros de los escolares no sirvan de un año para el otro. ¡Una vergüenza! Que se traduce en un desembolso de entre 300 a 500 euros por alumno. Y los padres, a tragar. El otro gran negocio lo hacen las editoriales que se encargan de ofrecerle a esta sociedad consumista todo un surtido de cursillos milagrosos que acaban en la estantería más alta del armario más perdido de la casa. Enciclopedias prácticas, cursos de inglés, colecciones de chorradas a diestro y siniestro aplacan nuestra enorme voluntad de hacer en el nuevo curso. Si observamos la mayoría de los anuncios emitidos en septiembre, deduciremos a simple vista cómo el consumo está muy relacionado con nuestro estado psicológico. Y cómo nuestros ímpetus no guardan una relación proporcionada con nuestra voluntad de hacer. Para no caer en octubre en una depresión derivada de la impotencia que supone no poder cumplir ni con la mitad de lo que nos propusimos el mes anterior, no estaría mal que, por una vez, fuéramos objetivos con nuestros objetivos. Y después de este sabio consejo, ahí va otro: como decía un amigo, primero, lo urgente y, después, lo importante.

Fotografía de Javier de la Rosa