Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

EL REDCUADRO

Moros de Zapatero

Fotografía

Por Antonio BurgosTiempo de lectura2 min
Opinión24-12-2001

Que conste que pongo "moros" en el título por pura preceptiva tipográfica, para que quepa, no me vayan a acusar de racista. Sé que tenía que haber puesto un adjetivo más largo, cuyo uso quiero consagrar, pero no cabía: suprasaharianos. Si todo senegalés y todo nigeriano ha pasado a ser subsahariano en el atlas africano de lo políticamente correcto, nada más lógico que marroquíes, argelinos y libios sean suprasaharianos. Dicho, pues, lo de "moro" con toda esta resma de papel de fumar, entiendo perfectamente los aparentes logros del viaje de Zapatero a nuestro antiguo Protectorado, que es lo que se suele olvidar en esta amnesia colonial española que ni siquiera ha sabido sacarle partido literario a nuestra aventura africana. Ramón Buenaventura y Alberto Gómez Font aparte, aquí están por hacer unas "Memorias de África" de los españoles en Guinea o incluso un "¿Arde El Aaiun?" de nuestro innoble abandono del Sahara y Río de Oro a su propia suerte. A Zapatero le ha salido tan bien su visita a Marruecos porque, como se ha repetido, estaba muñida por González. González se acordó de su tierra sevillana y llamó a Zapatero: - Mira, ya sé qué vamos a aplicar a la crisis con Marruecos: la técnica Queipo de Llano... - ¿Cómo es eso, Felipe? - Muy sencillo: como Queipo, vamos a montar a una docena de marroquíes en un camión y vamos a empezar a darles vueltas por Madrid, para que Aznar se crea que tenemos con nosotros a todo el Reino alauita. Pero González y Zapatero no disponían de moros en plural, sino un solo moro, en singular: el embajador marroquí en Madrid. A falta de camión en que darle vueltas para acongojar al adversario, cogieron al embajador marroquí y lo montaron en un avión. Y en vez de ponerlo a dar vueltas por Madrid, que se gasta mucha gasolina, lo mandaron directamente a Rabat. Hecho lo cual, la maniobra estratégica estaba cantada. Se manda a Zapatero a Rabat para que les pida a sus correligionarios socialistas alauitas que nos devuelvan el rosario de mi madre del embajador, y listo: se queda de cine. Punto en el cual, cuando el embajador marroquí haya vuelto y Zapatero se haya apuntado la doble canasta diseñada por González con el viejo pizarrín de Suresnes, Don Juan Carlos podrá llamar a Mohamed VI y decirle como aquel Sir Edmund Hoare a Serrano Súñer, cuando éste lo llamó para preguntarle si le mandaba más guardias para proteger a la Embajada británica de los manifestantes falangistas que pedían Gibraltar Español: - Primo, gracias por devolvernos el embajador, pero mucho mejor que no nos lo hubieras quitado cuando te lo dijo González para que se luciera Zapatero con los clásicos moros dando vueltas a lo Queipo de Llano...

Fotografía de Antonio Burgos

Antonio Burgos

Columnista del diario ABC

Andaluz, sevillano y del Betis

** Este artículo está publicado en el periódico ABC y posteriormente recogido de AntonioBurgos.com por gentileza del autor