ANÁLISIS DE LA SEMANA
La palabra Navidad

Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad23-12-2001
Si el azar ha sido justo, esta Nochebuena muchas familias cenarán sin apretarse los bolsillos. Como cada 22 de diciembre, España ha detenido su respiración cuando los niños de San Ildefonso han cantado el gordo. Algunos de los agraciados pensarán ahora que se tienen que dar prisa para cambiarlos en euros, porque este sorteo, con tantas anécdotas como los anteriores, ha sido especial. Pero la Navidad lo es más. Esta Nochebuena los deseos pueden cumplirse si no se pide que del bombo salga lo imposible y lo egoísta. Mientras algunos hombres cantan villancicos –ya casi ni eso-, muchos otros gritan. Gritan los heridos de los puñados de guerras que hay en el mundo. Gimen los que sufren en los suburbios de la riqueza. Claman los inocentes. No sonríen muchos niños. Tienen acuosa la mirada los que tienen limpio el estómago, raspado, sin las paredes porque las ha devorado el hambre. Esta Nochebuena el mundo sigue gritando. Otros tantos se quejan a voces de las listas de espera de Sanidad, del sufrimiento corporal, ahora que se sabe más sobre más enfermedades en el mundo gracias al genoma, o ahora que el Gobierno vuelve a decir que no a la clonación de embriones con fines terapéuticos. Otros reniegan la nueva educación que se avecina a las nuevas generaciones. Chillidos más o menos razonables, pero no todos se escuchan con los mismos oídos. Unos se oyen. Los más. Unos pocos se escuchan. A la mínima parte se les da solución. Entre tanto ruido casi todos se olvidan de lo que significan palabras como Hombre y Caridad, y hasta quienes presumen de saberlo apenas conocen el sentido de la palabra Navidad, la palabra que pone el silencio. Navidad puede significar nacer, renacer, vivir, morir y resucitar. Y poner amor recién nacido donde no lo hay porque... ¡Da igual! Quizás Navidad sea acordarse de todos y respetar a todos, aunque no piensen, sientan o vivan igual. Navidad puede ser amar, que no querer. Posiblemente entregarse, que no entregar un regalo sin remite. Más que el envoltorio, importa la persona. Si Navidad fuese invertir en el otro, no haría falta gastar para hacer más pobres de compañía. ¿Acaso algo de esto será Navidad?
Seguir a @AlmudenaHPerez

Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






