ANÁLISIS DE LA SEMANA
Tan sencillo como el fútbol

Por Amalia Casado
4 min
España01-09-2002
Cuentan que se puso a llorar cuando el Barcelona rechazó definitivamente el fichaje de Morientes. Y que, entre lágrimas, sollozaba: “¡Qué más puedo hacer para estar en el Madrid!”. Realmente conmovedor. A mí, la historia de Ronaldo, lo reconozco, me ha enganchado. Y he descubierto con él una experiencia de la que yo misma me había privado durante toda la vida: opinar sobre fútbol. No sé si en esto habrá especialistas. Seguramente sí. Como poco, tengo noticia de que existen cursos de postgrado para aquellos interesados en dedicarse al periodismo deportivo. No sé lo que dirán ellos de la siguiente afirmación: el éxito del deporte, especialmente del fútbol, es su talante democrático. Los partidos se retransmiten por televisión, se radian en las ondas y, más que menos, todos tienen la oportunidad de ver trabajar a los profesionales del balon-pié. Todos tienen, por consiguiente, datos concretos para emitir sus opiniones. Sólo falta una pizca de sentido común y... ¡Ale hop! Un potencial conterturlio para un programa deportivo.
Sobre política también se opina. Pero reconozcamos que hay algunas diferencias: la complejidad del asunto, en primer lugar. Las reglas del juego de un partido de fútbol son mucho más sencillas que las reglas del juego político: las leyes y las trampas de las leyes. Pocos pueden jactarse de conocerlas bien. En segundo lugar, la transparencia de la política, su talante verdaderamente democrático. ¿Se imaginan poder asistir en directo a todos los momentos de trabajo de los políticos, incluso a los secretos? Porque de las negociaciones para la compra de Ronaldo, España se ha enterado hasta de las conversaciones de cocina, algo que no ocurre, ni de lejos, en el mundo de la política.
Sin embargo, hay algo que asemeja fútbol y política: se puede opinar sobre ellos más o menos con cierta dignidad siempre que se posea un poco de sentido común.
De sentido común es, por ejemplo, mantener una cierta duda razonable sobre si es ético, o justo, o aceptable que determinados futbolistas cobren las cantidades impensables de dinero que cobran. Si el responsable de ello es ese llamado “mercado”, pues cabrá una duda razonable, al menos, sobre la bondad de dicho mercado. Pero, al fin y al cabo, el fin del fútbol –dirán algunos- no es hacer el bien a nadie, cosa, por otro lado, muy discutible: el ocio es un bien.
La política, que es el arte de gobernar, el arte de hacer sociedad, el arte de gestionar con justicia los recursos, el arte de lograr la convivencia en paz es el arte, en definitiva, de lograr el bien social. Y, al margen de si se está a favor o en contra de la independencia del País Vasco, de sentido común es que Batasuna no se acerca al buen hacer político cuando apoya y promueve el fenómeno terrorista.
Las dudas razonables sobre Batasuna se acabaron para el juez Garzón, que ha demostrado que, aunque Batasuna y ETA no son iguales, sí son lo mismo, yha suspendido las actividades del primero. Vamos, ha resuelto un problema decenario con la sola luz del sentido común en que está basado el Estado de Derecho y, por ende, que inspira las leyes que genera ese Estado y que el juez aplica. La ilegalización de Batasuna,





