TOROS
Poco sabor a triunfo en la primera semana de San Isidro
Por Almudena Hernández
1 min
Espectáculos18-05-2003
Alguien en el tendido gritó "¡Músicaaaa!". Y la gente, tan conforme, como si fuese habitual eso de que en la plaza de toros de Las Ventas se escuchasen pasodobles mientras transcurre la lidia. El público que suele ir a las corridas de rejones, como la del pasado sábado, suele ser diferent, como dicen los guiris de España.
A los festejos de rejones va el primo, la vecina o el amigo, y muchos niños, porque en sábado no tienen colegio -y eso es bueno, que se beba la fiesta desde chico-. Además, en las corridas de rejones se aplaude a morir. Se aplaude hasta cuando el ayuda le quita el rejón de muerte al toro, porque estaba escandalosamente bajo. Que el público aplauda porque sí no significa que los caballeros rejoneadores no merezcan los aplausos, aunque no todos. Quien regaló la entrada del sábado -que se puso el cartel de "No hay billetes"- se perdió el mejor festejo de la semana pasada. Por lo menos el más entretenido. Y mucha culpa de ello tiene Pablo Hermoso de Mendoza, torero a caballo -y torero con mayúsculas- que ha convertido a muchos aficionados al arte secundario del rejoneo. Hermoso torea a la grupa, y sus caballos valientes miran a los ojos a los toros, desafían y hasta embisten cuando no lo hacen los cornúpetas. También tuvo mucho que ver en el entretenimiento el joven Sergio Galán. Primero entró por los ojos. El buen mozo se viste de chaqué cuando cabalga esas esculturas equinas -¡preciosas!- que forman parte de su cuadra y si, encima, sabe clavar las banderillas en su sitio y a su tiempo, más que mejor de todo lo visto durante la semana. También fue diferent el público de entre semana, que midió sin unidad de criterio a quienes hicieron el paseíllo. A los toreros, sean quien sean, se les debe respeto. Éso sí, las orejas que cortaron Iván García, Serafín Marín y Fernando Robleño -más o menos merecidas- dejan claro que Madrid apuesta por la juventud.





