MÚSICA
Las grandes voces nunca se apagan
Por Rita Casdelo
3 min
Cultura26-11-2016
En España celebrábamos la firma del Tratádo Artántico para proteger la zona de la explotación hasta 2041; países como Ucrania, Letonia o Turkmenistán daban sus primeros pasos en solitario alejados de la Unión Soviética y el gran Magic Johnson da por terminada su carrera deportiva al contraer el virus VIH. Hablo de la segunda mitad de 1991, el mismo periodo en el que el genio de la música Freddie Mercury dejó paso a una leyenda.
Se celebra el 25 aniversario de la muerte del que fuera la voz de Queen. Durante años se subió a los escenarios, animó y rindió homenaje a la música con sus míticos We Will Rock You, We are the Champios o Bohemiam Rapsody, pero Mercury y Queen fueron más que eso y el tiempo lo ha demostrado. Generaciones enteras que no hemos crecido con él, tarareamos su música y sus letras como si se tratase de un hit del momento.
El recuerdo de Mercury es ahora esa chaqueta amarilla y el bigote con los que consiguió parar el mundo durante dos minutos el 12 de julio de 1986 en el estadio de Wembley de Londres. Lo hizo sin letra, con una improvisación que en un principio hasta pudo parecer absurda, pero es que Mercury era eso, energía, pasión, saber estar sobre el escenario. Cuando alzaba la voz el mundo callaba, y lo hacía con gusto, para poder escuchar sus canciones y esa música que llegaba a hipnotizar.
Pero esa voz seguramente en aquel momento ya supiera que no sería eterna, lo sabía él pero en 1987 la BBC lo destapó al mundo: Freddie Mercury tenía sida. Él luchó en silencio, solo dos o tres personas de mucha confianza lo sabían por él, y años más tarde se vio obligado a contárselo a su familia, cuando sabía que la enfermedad podría con él. Su fuerza lo consiguió llevar a lo largo del mundo pero el 22 de noviembre de 1991, solo dos días antes de su muerte, envió un comunicado en el que confirmaba los rumores destapados por la cadena de televisión cuatro años antes y pedía que sus esfuerzos no cayesen en un saco roto: "Espero que todos se unan a mis doctores y a todos los demás en el mundo que luchan contra esta terrible enfermedad".
Mercury era más que una voz, era Farrokh Bulsara. Nació en Zanzíbar en 1946, pero creció en la India, y era, para la época, un hombre muy libre. No se cortó al declararse abiertamente bisexual y pese a sus distintos amantes, Mary Austin, su primera novia, siempre estuvo allí, como amiga y compañera de vida. Fue ella quien la acompañó hasta el final de sus días y es también ella la protagonista de una de las canciones más especiales de Queen, Love of my life.
Seamos realistas, Mercury no destacaba por su belleza, pero conseguía mover grandes masas, es lo que hacen las buenas voces y la buena música. Su chulería sobre el escenario, sus pantalones ajustados y las camisetas de tirantes, además de su mítico bigote, le daban ese look que todo cantante necesita y quizás por eso, también Mercury se haya convertido en leyenda.
No todos lo entendían, pero sí coreaban sus canciones. La voz de Queen alegró con su música e hizo sentir pasiones, pero sobre todo pidió a todos los que la escucharan que fuesen libres, que nadie los parará y que las victorias están hasta en los malos momentos. Ahora, 25 años después de su muerte, los que nacieron con sus últimos alientos respira con él, porque su música, la música de Queen, no morirá nunca mientras generaciones enteras consigan levantarse de la silla con sus letras.
Bohemiam Rapsody suena de fondo y su letra cobra sentido: "Mamá, la vida acaba de empezar, pero ahora tengo que ir y dejarlo todo. No quería hacerte llorar, si no regreso mañana sigue adelante, sigue adelante como si realmente nada importase". "Adiós a todos, tengo que partir. Os he de dejar atrás y enfrentarme a la verdad", reza la letra.
Adiós querido Mercury, pero por favor, nunca dejes de sonar en las casas, en los colegios, en los teatros, en los bares... Por favor, nunca dejes de ponerle música la libertad.





