Almudena Hernández.- Ha sido zapatero, remendón, pero artista del calzado. Mago en el arte de cortar tacones, coser parches y sacar brillo al cuero. Siempre se le podía ver al otro lado del cristal, sentado en su caballo con las cuchillas, los clavos, la alegría y, en los labios, las infinitas canciones -que todavía tararea-. Ya retirado de su profesión, que no de sus recuerdos, en la mañana de este domingo de otoño lee un libro de esos que enseñan a los niños a cuidar el campo. Ve las huellas de los animales, las formas de las hojas de los árboles... y el abuelo tararea otro soniquete.
El abuelo es consciente de que la Naturaleza sabe mucho, aunque el hombre siempre sabe poco de ella. Por eso se lee esta mañana ese libro, él que toda la vida ha estado en el mismo pueblo. Los niños de hoy están perdiendo la inocencia ¿Por culpa de la educación? Con lo que a él le gustan los críos... Ahora se mira más que antes por el poder, la grandeza y poco por el vecino pobre, ése que no tendrá dinero, ese que remienda zapatos pero regala canciones.