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Centenario Carlos III

"El Mejor Alcalde de Madrid" cumple trescientos años

Por Ana RomeroTiempo de lectura3 min
Cultura04-05-2016

En una de las salas del museo del Prado, cuelga un retrato de un hombre vestido de cazador, ataviado con ropajes y peluca que dan una pista del momento en que vivió; concretamente el siglo XVIII español. Y aunque las facciones de su rostro ajado y marchito no son agradables, se percibe un brillo de entusiasmo en sus ojos, un entusiasmo por el progreso y la cultura. Ese hombre pintado es Carlos III, llamado "el Político" o "el Mejor Alcalde de Madrid".

Que Carlos III se convirtiese en Rey de España, fue todo un golpe de suerte para el joven hijo de Felipe V. Sus hermanos Luis I y Fernando VI, al morir sin descendencia dejaron al joven el camino abierto para convertirse en el monarca de un territorio en el que aplicar todo su experiencia adquirida como Gobernante de Nápoles; título ganado por su padre tras conquistar Nápoles la durante Guerra de Sucesión de Polonia. Cuanto al reinado de Nápoles, heredó de su madre, Maria Luisa de Parma los ducados de Parma, Piacenza y Toscana.

Con su llegada al trono llegaban aires nuevos a una España todavía arraigada a unas costumbres, tradiciones y ciudades que no terminaban de encajar los principios de Modernidad, que poco a poco hacían florecer las calles de las capitales de los principales países europeos. El nuevo monarca era un hombre culto, había viajado, tratado diversas cuestiones diplomáticas, rezando en Nápoles, donde realizó algunas reformas tanto nivel estructural como administrativo. Todo ello, manteniendo siempre un carácter curioso, deseoso de aprender y una gran pasión por la arqueología, afición que mantendría hasta el fin de su vida y le ayudaría a emprender un deseo de recuperar de la cultura clásica a través de las excavaciones en  Vesubio del año 79: Pompeya, Herculano, Oplontis y las Villas Stabianas.

Aunque no todo fue fácil para el nuevo ocupante de la Corona española. El Motín de Esquilache y la expulsión de los jesuitas, le granjearon antipatías de un pueblo llano y una nobleza temerosos de Dios y de los posibles inconvenientes que pudieran tarea los aires reformistas del heredero Borbón. Nada de lo que debieran preocuparse, ya que, la máxima del rey ilustrado, pero manteniendo su carácter absolutista siempre fue "todo para el pueblo, pero sin el pueblo".

El bien llamado "Mejor Alcalde de Madrid" dejó una herencia que hoy todavía nos contempla. Nuestros símbolos de identidad; una bandera, una capital digna de tal nombre tras la rápida modernización de Madrid a través de la edificación de Edificios tan representativos, joyas para nuestro país como son Puerta de Alcalá, el Museo del Prado, concebido inicialmente como el Museo de Ciencias, o el Jardín Botánico. Carlos III acabó con el "¡agua va!" las calles enlodadas, por los desperdicios del mismo, la oscuridad casi medieval del centro de la ciudad gracias a la construcción de paseos y trabajos de saneamiento e iluminación pública.

No menos olvidada es su labor de engrandecimiento a través de las nuevas disposiciones para los edificios representativos destinados a albergar los servicios de la creciente Administración pública. Las mejoras en la Hacienda Real, como la emisión de vales reales estableciendo primer papel moneda o la creación del Banco de San Carlos, que sería el primer banco del Estado.

Trescientos años después de su nacimiento caminamos por su mejor regalo al pueblo español: una capital bella en la que la historia está en cada esquina o guardada en edificios para que todos podamos admirarla.