LATINOAMÉRICA
Cumbre de Manaos: recetas latinoamericanas contra la crisis financiera
Por Luis Miguel L. Farraces
3 min
Internacional05-10-2008
Los principales baluartes de la izquierda latinoamericana, Luiz Inácio Lula da Silva, Rafael Correa, Hugo Chávez y Evo Morales, se reunieron la pasada semana en Manaos (Brasil) para intentar desmarcar a sus respectivos países de la crisis financiera mundial. Una crisis que en un primer momento pareció que pasaría de largo a través de Sudamérica pero que los analistas han alertado de que podría conllevar consecuencias en el continente. "Nuestro pronóstico es que la crisis es tan profunda que no podemos vaticinar su tamaño. Quizás estemos ante la mayor recesión de la Historia", llegó a afirmar un preocupado Lula durante el encuentro.
Y entonces surgió la pregunta: ¿Cuál será la receta que blinde a Latinoamerica de la crisis que azota medio planeta? "Hay que desengancharse totalmente del sistema neoliberal que está acabando con el mundo", resumía Chávez tras alertar de que nadie estaba a salvo de la coyuntura originada en Estados Unidos. Una respuesta que podría sonar a un alarde demagógico más del presidente venezolano, pero que esta vez se refería a un plan concreto y real. Latinoamérica quiere aislarse en cierto modo de las grandes instituciones económicas mundiales, decir adiós a organizaciones como el Fondo Monetario Internacional, criticado hasta la saciedad por las condiciones que ha venido imponiendo a la concesión de préstamos en el continente y que los Kirchner tacharon de culpable de la crisis del peso en 2002. La fórmula para materializar esa desconexión será el Banco del Sur, una institución que fue creada a finales del pasado año pero que por motivos burocráticos y de gestión aún no se encuentra operativa. El Banco del Sur está llamado a asumir el papel del FMI en la región, apoyando obras de infraestructura en el continente así como financiando a empresas públicas y privadas. Sin embargo, la nueva institución latinoamericana posee una diferencia fundamental con el organismo internacional. En el FMI los votos de cada país son determinados por la cantidad de dinero que aporta cada país, lo que permite a Estados Unidos y a las potencias europeas poseer un control casi total sobre cualquier operación o nombramiento, mientras que en el Banco del Sur todas las naciones integrantes (Paraguay, Argentina, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Venezuela, Brasil y Chile como observador) poseerán los mismos votos. Además, a diferencia de lo que ocurre en el FMI, el Banco del Sur nace como un proyecto con visos a llegar más lejos que una simple entidad económica. Tanto es así que su carta fundacional aparece recogida la posibilidad de estudiar la adopción de una moneda común para los países miembro en el plazo de cinco o seis años. Argentina, Venezuela y Brasil lideran la inversión Con tales premisas el proyecto goza de mucho atractivo en la región, pero aún falta lograr el impulso necesario para intentar que empiece a estar operativo este mismo año. Esa fue precisamente la cuestión central de la Cumbre de Manaos, tras la que se prevé que la institución empiece a operar en los próximos meses con un capital inicial de 7.000 millones de dólares, con Argentina, Brasil y Venezuela como máximos donantes con 2.000 millones cada uno. Una suma que aún dista mucho de ser espectacular pero que irá creciendo en los próximos años a medida que los países miembro retiren sus fondos depositados en otras instituciones para potenciar su presencia en el Banco del Sur. En cualquier caso la buena tónica entre los países del cono es palpable y prueba de ello, además del proyecto financiero, es la otra gran cuestión sobre la que giraba la Cumbre de Manaos: la conexión fluvial y terrestre entre el Océano Atlántico y el Pacífico. Un proyecto faraónico en el que participarán varios países de la región y que prevé convertir a Manaos, capital de la Amazonía, en el cruce de vías del contiente entre las dos grandes masas de agua mediante la organización de un gran canal entre la ciudad brasileña y Manta, en la costa ecuatoriana. De salir finalmente adelante, el Cono Sur se convertiría en una vía alternativa al Canal de Panamá para el transporte de mercancías entre Asia y el resto del mundo.





