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MEDIO AMBIENTE

El desastre ecológico de Alnazcóllar está de actualidad una década después

Por Paula PortasTiempo de lectura1 min
Sociedad25-04-2008

Durante la madrugada del 25 de Abril, una llamada anónima a la Guardia Civil de Sanlúcar advirtió un fuerte ruido en la zona del Río Guadiamar. Se había producido una fractura de catorce metros de profundidad en el muro de contención de la balsa de almacenamiento de residuos de la mina de pirita en Aznlacóllar, por la que escaparon seis millones de metros cúbicos de agua y lodos tóxicos.

La riada, que llegó a alcanzar hasta tres metros de altura en algunos puntos, desbordó los ríos Agrio y Guadiamar y contaminó un total de 63 kilómetros de cauce y 4.634 hectáreas de terreno, en el entorno del Parque Nacional de Doñana, aunque un muro de contención que se levantó en las primeras horas evitó males mayores en este importante espacio natural. El coste de la tragedia fue inmenso, 200 millones de euros invertidos en regenerar el río Guadiamar, más otros 100 destinados al programa Doñana 2005. Limpiar la zona requirió la compra de miles de hectáreas contaminadas y la construcción de equipamientos públicos en el nuevo Corredor Verde del Guadiamar. Además de la extracción de las tierras contaminadas, fue necesario depurar 2,5 millones de metros cúbicos de aguas ácidas. La zona minera de Boliden se reutiliza ahora como sede del Parque de Actividades Medioambientales de Andalucía (PAMA) con la instalación de placas fotovoltáicas. Según el Consejo Superior de Investigaciones Científicos (CSIC) se trató del mayor desastre ambiental en la historia de España, ya que el vertido tóxico fue unas 100 veces mayor que el del Prestige, seis millones de metros cúbicos de aguas ácidas, frente a 63.000 toneladas de fuel. Aunque la restauración ecológica de la zona ha sido considerada muy positiva, desde la Estación Biológica de Doñana se insiste en que todavía hay contaminación en el Guadiamar, procedente de filtraciones desde la escombrera de residuos de la mina. Estas críticas son compartidas por numerosas organizaciones ecologistas que alertan del peligro de que todavía se sigan acumulando residuos de materiales peligrosos en España y que es necesario garantizar la seguridad de los vertidos.