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CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR

‘Kazaador’ cazado

Fotografía
Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión03-03-2002

“Un software para gobernarlos a todos, un software para encontrarlos, un software para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas". Cambiado “software” por “sistema operativo” -como referencia velada a windows- tenemos el e-mail de moda de las pasadas Navidades. Porque cambiando “sistema operativo” por “anillo único” tenemos las secretas palabras del libro-película El señor de los anillos. El anillo, el windows, el software de Kazaa: tres símbolos de un poder que se expande por todo el planeta y se vuelve peligroso para el usuario. El poder de dominarlo todo, entenderlo todo y ser compatible con todo rompiendo las barreras del espacio-tiempo y los derechos de la propiedad intelectual, conlleva un sacrificio casi involuntario pero definitivo: perderlo todo. Perder la identidad en la diversidad, el dominio de uno mismo, la intimidad y la calidad del trabajo intelectual de los buenos maestros. Kazaa es un programa que conecta a medio millón de internautas entre ellos, sin ningún mediador, y que permite el libre intercambio de archivos: música, vídeo, programas... Un auténtico paraíso de piratas donde aparentemente no hay ninguna ley, salvo que cada pirata deja que copien sus tesoros al tiempo que él copia los de otros. Y como todo es ya reducible a ceros y unos nada hay que no pueda copiarse. Este paraíso que todo promete al principio, acaba por quitarlo todo. Ya no hay canciones personales, favoritas, repetidas una y otra vez hasta hacerse parte del alma del que escucha. Ya no domina uno su conexión, ni su disco duro, ni las aplicaciones que tiene ni su navegación libre de publicidad no solicitada, sino que es utilizado por otros usuarios y por los creadores de Kazaa a su antojo, sin aviso previo ni posibilidad de elección. Siempre hay normas. Siempre hay límites. Debemos descubrirlos de forma natural o dejarnos orientar por personas, gobiernos o empresas de confianza. Pero debemos, sobre todo, gritar contra esa ciudad sin ley escrita, porque siempre tendrá una ley aunque esté oculta, sólo visible al fuego, para engañar mediante la ignorancia con poderes que prometen todo para quitártelo todo. Como al portador del anillo.