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SIN ESPINAS

Quién a buen arbol se arrima...

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura3 min
Opinión09-11-2003

Esto es lo que debiera estar meditando ahora Doña Letizia. Sin embargo, puede que sólo esté preocupada de la imagen que tienen de ella los españoles. Esa preocupación desordenada, sería en todo caso su final. ¿No querías té? Pues toma dos tazas. A pesar de que muchos de sus detractores han dicho que es una mujer muy ambiciosa y con mucho afán de protagonismo, este sábado declaró, en una entrevista a ABC, que se siente abrumada porque todo el mundo se fija en lo que hace, en que dice y en cómo lo dice. Si fuera verdad que la prometida del don Felipe tiene tanto afán de protagonismo, ahora tendría que estar encantada con esta situación. Porque el colmo de un ególatra no puede ser otra cosa que esto. A no ser que ni ella misma en la cúspide de su vanidad, hubiera siquiera imaginado tanta atención. Hasta ahora parece que ella se ha mostrado encantada de que 350 cámaras a la vez enfoquen, apunten y disparen desde a su ceja izquierda hasta la pequeña imperfección, si la tuviera, de su uña meñique. El problema es que detrás de esos cientos de objetivos hay 40 millones de sensibilidades diversas. Un grandísimo porcentaje de las cuales, no todos gracias a Dios, tienen el deseo irrefrenable de opinar en público sobre ella. Por el inusitado interés que ha despertado el asunto -que ya es difícil superarlo en un país que presta 14 horas de atención al día a los enredos de la Pantoja o del Paco Porras- doña Letizia tendrá que esperar todo tipo de consideraciones sobre ella. Sólo hay que recordar que tres horas después del anuncio de su compromiso con el Príncipe, las televisiones habían mandado todas sus cámaras a la calle para que la gente nos diera una idea de quien era esta joven periodista. Una señora en la Gran Vía decía: "Pues es una buena chica, que yo la he visto en el Telediario". Un señor en la Puerta del Sol: "Tiene personalidad y sabe muy bien lo que quiere". Un adolescente en Callao: "Está muy buena. El Príncipe ha elegido bien". El problema no es que opine todo el mundo y que cualquiera exprese lo que le de la gana. La cuestión es que todavía existe la creencia en gran parte de la sociedad española de que lo que sale en un informativo de televisión es la verdad o al menos algo que se le parece. Y eso tiene una influencia desastrosa. Más allá de todas estas cuestiones, a Doña Letizia le habrán contado ya que no debe estar abrumada con estas cosas si quiere seguir respirando con alegría en la Casa Real. Si corta al Príncipe cuando habla, porque corta a Don Felipe cuando habla. Si hubiera estado callada, hubieran dicho que vaya palo de chica. Si no hubiera saludado a sus ex compañeros de la prensa, que vaya creída. Si los saluda, como hizo, que quien es ella para saltarse el protocolo y hacer esperar a los Reyes. En fin, imagino que si es lista tomará nota. Y entenderá que para mantenerse al margen de la vorágine de la que ella declara querer huir, hay dos virtudes esenciales que trabajar: la prudencia y la discreción. En este caso, ha vuelto a tener suerte doña Letizia porque para aprenderlas, en esa Casa donde ha entrado hay una catedrática de ambas: la reina Doña Sofía. Quién a buen árbol se arrima... Por cierto, ¿qué habrá querido decir Letizia con que todo esto le abruma?... ¿qué le molesta? ¿qué le oprime, atosiga, apesadumbra, qué le confunde, fastidia, enoja, carga, recarga, agobia, cansa, agota, hastía, intimida, qué le aburre, qué la tiene frita, qué le acosa, le apura, le lacera, qué le cohíbe, le intimida, le derrota, le aplana, le abate o qué le satura?

Fotografía de Javier de la Rosa