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CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR

¬Prinzipesa¬

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión09-11-2003

Aguanté los caballos desbocados de la precipitación ignorante durante ocho días antes de lanzarme a escribir sobre “el tema de la semana” en casi cualquier rincón de España: el noviazgo oficial del Príncipe de Asturias. Ya que no pude hacerlo en privado, evité en público caer en el cotilleo y las opiniones sin fundamento ni razón suficiente: si es guapa, ambiciosa, lista, profesional, mujer del siglo XXI, divorciada, plebeya, si dignifica la profesión periodística (¿hace una semana la profesión era menos digna?) o si la elegida podía haber sido mi vecina, compañera de promoción o mi penúltimo ligue. El análisis, si subimos un peldaño en inteligencia, decoro, respeto y rigor, resulta mucho más interesante. Primero, recordemos que si algo debe valorarse, es la decisión de Don Felipe, pero no su persona, ni la persona de Letizia. La decisión me parece, al menos, imprudente. A priori, Letizia se nos presenta como una persona con una clara vocación profesional, cómoda en el papel de protagonista, muy segura de sus prioridades personales, agnóstica -recordemos que la corona española es católica por definición- e incapaz, hasta el momento, de mantenerse unida a los hombres con los que ha convivido. Algunos de estos datos se nos refrendan a posteriori, con las dos primeras apariciones públicas de la pareja. En el anuncio a los medios, él afirmaba estar “profundamente enamorado” y ella nos recordó a todos que asumía todo “con responsabilidad y vocación de servicio a los españoles”. Es decir, que ella reinará con decisión y él la mirará embelesado. En la pedida de mano, ella interrumpió al Príncipe dos veces -la segunda, con recriminación cariñosa incluida- e hizo esperar a los Reyes cuando debía tomarse la fotografía oficial. Si bien son sólo detalles, no invitan al optimismo. Digamos, en su favor, que los fracasos sentimentales de Letizia nada tienen que ver con sus éxitos profesionales. En este sentido, el que afronte la boda como una responsabilidad profesional (dice Umbral que más que una enamorada parece un ministro que jura el cargo), nos da ciertas garantías de éxito. Pero debemos subir un peldaño más. El que subieron los que recuerdan aquello de “quien esté libre de pecado...”. El que han subido también los monárquicos descontentos, que callan ante esta decisión por lealtad a la corona. Es cierto que no tenemos todos los datos, ni podemos leer el futuro. También lo es que sí podemos y debemos confiar en las personas y en sus decisiones. Esperanzado, reconozco que siempre hay algo de misterioso en cada decisión humana, algo que escapa incluso a quien la toma, algo que, por respeto a decisiones tan personales y profundas, me anima a agachar la cabeza, suspender el juicio, asumir la autoridad de quien toma la decisión -pues es él quien puede y debe tomarla- y acompañarle en esta aventura que no es sólo de Don Felipe, sino de todos los españoles.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach