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APUNTES DE BANQUILLO

Rumbo a lo inesperado

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura2 min
Deportes09-11-2003

Los que me conocen, los que me aprecian aun a riesgo de que no me guste su opinión, de cuando en cuando me dicen que soy una persona sin demasiada iniciativa. “Necesitas salir, moverte”, me dicen con ánimo de motivar. “¿Moverme adónde y para qué?”, pienso pero no pregunto, pues sé que me dirán que para encontrar un curre con pasta, con lo complicado que es. Otras veces el pensamiento es más egoísta y destructivo: “¿Cómo me puedes decir que salga si haces lo mismo que yo? ¿Por qué te quejas, acaso no estás contento con tu vida?”. Dicen que esa actitud, estar contento y satisfecho con lo que uno hace o puede conseguir, es la correcta. Como contrapunto, sacando de contexto –en parte–que más vale pájaro en mano que ciento volando, algunos preferimos tener poco pero estar contentos, que no siempre es lo mismo que ser felices. Mantener una vida bajo mínimos, hibernando hasta que llegue la primavera, tratando de no malgastar esfuerzos que desaniman. La vida son situaciones que se repiten, a pesar de los contrastes: tan pronto se está en la burbuja del optimismo y uno se siente capaz de echarse a la espalda un montón de proyectos, como de repente algo falla y todo el edificio se viene abajo. Esperar una oportunidad como quien espera a que pique una carpa, más preocupado de no estar peor que de estar mejor, tal vez sea perder el tiempo si no se sabe aprovechar. O tal vez no: hablar más de la cuenta en primera persona, cargar las tintas en la autocrítica, lleva consigo el riesgo de encerrarse en uno mismo, el miedo a reconocer los errores propios reflejados en los demás. Sin embargo, la solución está en la mano. Lo difícil es encontrar la influencia adecuada para salir del pozo: optar entre lo fácil y lo posible, calcular los riesgos, amén de poder comunicarse y ser entendido. También demostrarlo en el momento de asumir responsabilidades. La ilusión de lo nuevo, de mudarse y afrontar los cambios de una vida nueva, tiene su contrapartida. Además de los preparativos, los papeleos, los avisos a quienes te conocen y te aprecian, en la mochila hay que dejar mucho sitio para la paciencia, porque habrá problemas de toda índole. Al menos, las heridas y decepciones, las decisiones acertadas o erróneas con que se carga, llevan a conocer a nuevas personas, pero también a tantear a estos álguienes en quienes se puede llegar confiar algún día. Sin embargo, a veces, las personas entran de repente en tu vida, como una bocanada de aire fresco que casi nunca se dan cuenta, por fortuna, de la importancia que tienen y el bien que hacen, sobre todo cuando no lo pretenden. Después de todo, las experiencias más gratificantes son las inesperadas.

Fotografía de Roberto J. Madrigal