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CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR

Buenos guiones

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión05-10-2003

Hace unos años leí el best-seller Cómo escribir buenos guiones de cine, ensayo donde la autora proponía La joya del Nilo como ejemplo de guión exitoso. Me llamó la atención, pues aquella fue una película de relativo éxito de los años 80 que supongo que aparece en pocas antologías, aunque era la favorita (por unanimidad) en el videoclub familiar. ¿Por qué es La joya del Nilo un ejemplo de buen guión cinematográfico? Poco recuerdo también de aquel libro. Sin embargo, he recuperado la película, en DVD, fruto de una de las infinitas promociones de la prensa postvacacional. Apenas he visto los primeros minutos y ya he descubierto algunas claves en los diálogos. La protagonista (Joan Wilder, interpretada por Kathleen Turner) es una escritora de éxito. ¿Por qué? Porque escribe guiones “imposibles”. “Tu escribes sobre personas que se alejan en veleros hacia la puesta de sol”, le recuerda su editora. “¿Y qué ocurre al día siguiente, cuando amanece?”, responde Joan. “No hay día siguiente, por eso es tan romántico: mezclas un poco de la vida real con una novela de amor”. Un admirador bastante sospechoso también adula a la protagonista: “Usted es una escritora de talento, es capaz de crear héroes en un mundo de cínicos”. Naturalmente, por eso la necesita a ella. Joan está dispuesta a escribir sobre la vida de su admirador: “Escribir una biografía es importante, es algo real”. Pero está engañada. El misterioso admirador busca el “talento” de Joan, como le descubre más adelante: “¿La verdad? Si yo quisiera la verdad no la hubiera hecho venir. ¿Qué sabe usted de la verdad? Usted lo vuelve todo fantasía, ¿por qué cree que la traje aquí?” Naturalmente, aunque estos diálogos parecen secundarios a la trama principal (secuestros, peleas, ambiciones, revoluciones...), la película acaba con la boda de los protagonistas, que se alejan en un velero hacia la puesta de sol. Gracias a Dios, la fantasía de esta película no es la que buscaba el malvado admirador, sino la que removía y hacía vibrar el corazón de los enamorados protagonistas. Además, es una fantasía unitaria, coherente, cerrada, plena de sentido. Las ficciones a las que acostumbran nuestros políticos no sólo son caretas de ambición -en vez de alimento del amor-, sino que carecen de unidad interna y externa, de coherencia, de integridad y de una mínima decencia. Pero lo peor no es lo suyo, sino lo de periodistas rapaces que olvidan la privacidad de las conversaciones y hacen sátira no sólo de las miserias públicas, sino de las confidencias privadas (léanse los comentarios sobre la conversación de los socialistas a micrófono cerrado tras su propuesta de presupuestos). Periodistas que trabajan con la misma realidad que los buenos guionistas, pero sin dejar hueco a la fantasía.

Fotografía de Álvaro Abellán

$red

Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach