ANÁLISIS DE LA SEMANA
Un regalo de cristal

Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad18-05-2003
Apenas valía unos euros, menos que los dedos de una mano. Era una figurita de cristal, con dos elefantes transparentes que sujetaban un corazón de vidrio rojo. Se lo ha comprado a su madre en un tenderete al aire libre. Quizás lo ha hecho porque cree que es la mejor madre del mundo y la mejor inversión de sus ahorros de adolescencia. Seguramente tendría muchas otras opciones para invertir ese pellizco de dinero, pues no era el cumpleaños de quien le parió, que se sepa. Simplemente le ha parecido así. El artífice de esa compra al aire libre también le ha regalado tres pulseras de alambre a quien escribe estos párrafos y no podía ser menos que agradecerle el detalle. Un detalle tan pequeño y tan grande. Otro más que ha hecho que te adopte poco a poco, como si fueras de mi familia y ya sería numerosa, no como esos batiburrillos familiares de los últimos tiempos en los que hasta para casarse hay barreras. En China ni siquiera se puede fundar una familia sin mascarilla ni celebrar matrimonios por la neumonía atípica mientras muchos niños de ojos rasgados tienen que esperar más todavía para ver cumplido el deseo de tener padres. Por el contrario, muchas madres desean tener hijos. Algunas, no un hijo cualquiera. No en todas las familias hay alguien que regale una figurita de cristal. Muchas veces el hogar cae por el propio peso de la sinrazón, o se ve sometido a las barreras y discriminaciones que impone la sociedad. La ternura existe, pues ese pequeño gran detalle de cristal es verdad. Alguien –de carne y hueso, pero anónimo en estas líneas- lo ha vuelto a conseguir: escuece el corazón un poquito después de esas bofetadas de sensibilidad y sorpresa que me has dado –señores lectores, disculpen la primera persona-. Ahora toca estudiar y crecer más, por dentro y por fuera. Y hacer siempre en cada momento lo que uno tiene que hacer. Pero no hacerlo por que sí, hacerlo como se tiene que hacer y echar los restos. Si uno pone algo de sí en lo que hace, no morirá nunca. No te duermas. No te despistes. No tengas miedo y no te rindas. Y gracias: por las bofetadas y por las pulseras.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






