ANÁLISIS DE ESPAÑA
Lo de Suárez y el "timo" del 78

Por Alejandro Requeijo
3 min
España21-11-2016
De ser cierto que Adolfo Suárez descartó un referéndum sobre la monarquía por temor a que ganase el no, tan solo probaría la querencia que tienen las sociedades por equivocarse, constante que se viene repitiendo nada menos que desde Barrabás y que tiene en Trump o el Brexit sus últimas consecuencias trágicas. A la vista de los acontecimientos, no cabe otra cosa que agradecer a Suárez la responsabilidad de aquella decisión. Se tiende a sobrevalorar los referéndums como la máxima expresión democrática cuando, en realidad, casi siempre suponen la inhibición de los gobernantes de la misión que democráticamente les es otorgada. Dicho de otro modo: dejar el marrón en manos de los ciudadanos que no pocas veces, ya lo hemos visto, interpretan una urna como un punching ball. La misión de un gobernante no es otra que gobernar, acertar, cometer errores y someterlos al juicio de los votos, primero, y después al juicio de la Historia (con mayúscula). Por eso hoy Suárez tiene un aeropuerto con su nombre y Cameron, por ejemplo, no lo tendrá.
A día de hoy, una vez descartado que los Reyes tengan sangre azul o que su misión emane directamente de Dios, sólo cabe ser monárquico desde un punto de vista práctico. La mera presencia de la Corona, su carácter hereditario o su inviolable responsabilidad, cuestiona el principio de que todos los ciudadanos son iguales. España reposó esta contradicción en el ‘juancarlismo’, un recurso pragmático que, de momento, Felipe VI no ha dado motivos para revisar. El modelo ha funcionado y ahí están los libros para acreditar que no fue más ejemplar democráticamente hablando la Segunda República que el sistema surgido después de la muerte del dictador. Preguntarse por la legitimidad de la monarquía es un debate recurrente que ahora ha vuelto a recuperar Podemos en su nada disimulada intención de cuestionar el relato oficial de la Transición con la Constitución con objetivo último.
El plan de deslegitimación pasa por negar que las Cortes franquistas se hicieron el harakiri y que aquello fue un pacto secuestrado por miedo al ruido de sables. Lo dijo claramente Iglesias en aquella herriko taberna en 2013 cuando reconoció a ETA haber tenido la clarividencia de haberse dado cuenta antes que nadie de la presunta estafa. Después llegaron 800 muertos. Hoy Podemos dedica aplausos a los parlamentarios de Bildu en el Congreso y se los niega al monarca. Toca por tanto recordar que en la Transición, pilotada por el Rey, se sometió a referéndum la Ley de la Reforma Política apenas un año después de la muerte de Franco. Fue refrendada con un 94 por ciento. Ese resultado abrumador disuadió a quien por entonces abogaba por ruptura en lugar de reforma. Dos años después, se sometió a referéndum la Constitución, que incluía la figura del Rey. Fue refrendada con un 87 por ciento de españoles. Apenas cuatro años después -siete tras la muerte de Franco- un partido de izquierdas se hizo con el Gobierno de España. Ahí están los hechos para quien quiera seguir buscando en ellos algún timo lampedusiano.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






