IMPRESIONES
De la política y los objetos

Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión13-06-2013
Vasili Kandinsky, uno de los artistas y teóricos más inspiradores de lo que hoy llamamos pintura abstracta, dejó escrito en 1938 que el arte se centraría cada vez más en sus medios “esenciales”, como “el color” y “el dibujo”, y que el siglo XX exploraría aún más la posibilidad de un arte sin “objeto”. “En la pintura –decía- se puede emplear el objeto, o no” y él creía firmemente en “la fuerza inmensa de lo que se ha dado en llamar pintura abstracta o no figurativa” y que él prefirió llamar “concreta”. Es una lástima que Kandinsky perdiera esa batalla del lenguaje, porque sus palabras encierran una maravillosa lógica de la que aún podemos aprender mucho. Su pintura, que hoy llamamos “abstracta” y que él quiso llamar “concreta”, revela una huída de los “objetos” no por lo que éstos tienen de concretos, sino, precisamente, por lo que tienen de “material” y “superficial”, es decir, por lo que tienen de “generalizable” y, por lo tanto, de “impersonal” e “indiferente”. Kandinsky quiso definir su arte como “concreto” porque en él quería expresar lo esencial, que es a un tiempo concreto y espiritual, que es llamada o interpelación y sentido, que es emoción y motivación y, por lo tanto, pasión. Para él, lo puramente material y lo abstracto se relacionan con lo general, lo indiferente, lo anónimo, lo superficial, la masa… mientras que lo esencial y lo concreto se vinculan a lo personal, lo espiritual, el sentido y la misión. En general, no sólo en el arte, sino en casi todas las disciplinas, todo el siglo XX y los primeros años del XXI pueden interpretarse como una superación de los límites de la materia. Hemos querido vencer el espacio y el tiempo. En algunos casos, mediante una búsqueda que encarna el espíritu en lo concreto. En otros, tratando de convertir lo espiritual en objeto. Así lo han hecho la Política y la Economía, dos ciencias tremendamente abstractas que han reducido el espíritu a “objeto”. Dos ciencias que manejan en clave matemática y demoscópica (que miden, pesan, dibujan y modelan) realidades como la esperanza, los sueños, los ideales, la confianza, lo valioso, etc. La Política y la Economía, no el arte, son las que se han hecho abstractas, precisamente por ocuparse sólo de objetos y olvidar lo concreto.






