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SIN CONCESIONES

El suicidio político de Artur Mas

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión26-11-2012

Nadie convoca unas elecciones para perder. Sólo los tontos, los irresponsables y los frívolos. Quien adelanta una cita con las urnas y pierde una docena de escaños debe dimitir inmediatamente. No hay error político más grande. El visionario de Artur Mas miró hace un par de meses su bola de cristal e imaginó que una mayoría absoluta le encumbraría en las urnas. Pensó que la marea humana que llenó las calles de Barcelona en el Día Nacional de Cataluña se transformaría en un tsunami de votos si disolvía el Parlamento y convocaba los comicios dos años antes de lo previsto. CiU creyó aquella iluminación e inició una campaña de adulación al falso mesías. Alentó el debate independentista para meterse en el bolsillo a los miles de catalanes que habían salido a la calle el 11 de septiembre. Imaginó que así silenciaría la polémica sobre sus recortes sociales, que movilizaría como nunca a sus simpatizantes y que, de manera automática, alcanzaría la soñada mayoría absoluta. Pero los sueños sueños son. Ya lo escribió Calderón de la Barca. El resultado de las elecciones en Cataluña demuestra que las encuestas se equivocan mucho más de lo que aciertan. Esta es la única excusa que le queda a Artur Mas. Nadie vaticinó una debacle de CiU. Así que la bola de cristal del presidente de la Generalitat también tiene derecho a equivocarse. Pero este argumento no convencerá a sus propios compañeros. El escrutinio demuestra que el adelanto fue un inmenso error. Un error mayúsculo. Un error garrafal. Un suicidio político en toda regla. Un error de los que se pagan. Y debe pagarse con la dimisión. Si tuviera una pizca de vergüenza y un atisbo de humildad, el líder de CiU asumiría la culpa. Pero ya sabemos que en este país nadie reconoce su responsabilidad y son aún menos los que dimiten. Aunque Cataluña quiera ser otra nación, sus dirigentes aplican este sofisma igual que en el resto de España. Artur Mas está casi muerto aunque ponga cara de vencedor. Su semblante se asemeja más a un cadáver político que a un triunfador. Debería marcharse o, si se resiste, deberían echarle en el propio partido. Algunos de sus compañeros querrán tramar una traición para apuñalarle como los senadores de la antigua Roma hicieron con Julio César. CiU también tiene dirigentes parecidos a Bruto, Casio y Casca. Sería el camino más rápido para corregir el error. El discurso secesionista le permite ganar votos en Girona y Lleida, las provincias más antiespañolas, pero incluso allí pierde escaños y porcentaje de apoyos. En Tarragona y Barcelona, el batacazo es indiscutible. Los ciudadanos han lanzado un mensaje claro de rechazo a Artur Mas. El resultado de las urnas debería ser una gran lección para CiU y para todos los demás nacionalismos. En el País Vasco también pueden aprender que la radicalización y las aventuras separatistas disgustan a los ciudadanos. Mucho más en estos tiempos de crisis. El dato más positivo de las elecciones catalanas es la participación. Justo cuando el hastío y el desencanto hacia la política recorre España por los cuatro puntos cardinales es cuando los catalanes han demostrado un gran compromiso a la hora de votar. La participación de casi el 70% es extraordinaria. Son cuatro puntos más que en las generales de 2011 y doce más que en las autonómicas de 2010. La voz del pueblo suena atronadora en comparación con el referéndum del Estatuto en 2006. Entonces sólo acudió a las urnas el 49%. Fue un fracaso que casi nadie quiso reconocer. Como entonces, Artur Mas tampoco admitirá su error actual. Si corre el riesgo de seguir imitando a Esquerra Republicana, acabará fagocitada por los verdaderos independentistas. Entre la copia y el original, los votantes siempre prefieren al que persigue sin tapujos la meta. No es la primera vez que los ciudadanos imparten esta enseñanza, pero algunos se resisten a creerla. Los catalanes han castigado la mala gestión de Artur Mas y el oportunismo del adelanto electoral. Han vomitado la demagogia que el líder de CiU les hizo tragar en campaña. En definitiva, han demostrado ser más listos que sus gobernantes.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito