ANÁLISIS DE ESPAÑA
Y todavía hay quien les llama ‘gudaris’

Por Alejandro Requeijo
3 min
España02-08-2009
Ya ven, 41 niños dormían en la casa Cuartel de Burgos que ETA intentó volar con 200 kilos de explosivo. Así, a su estilo, con nocturnidad y alevosía –esta vez ni siquiera hubo llamada previa de aviso-. 41 niños, opresores, torturadores, enemigos de la patria vasca podrían haber quedado sepultados bajo las ruinas del edificio si un milagro –¡200 kilos!- no lo hubiese mantenido en pie. Y con todo, aun hay quien les llama gudaris (soldados). Todavía hay quien ve en esto algún acto de heroísmo patriótico. El susto aun no había pasado y la locura se cebaba, esta vez sí, con dos guardias civiles, ¡qué coño!, dos chavales de 27 y 28 años. Uno de ellos, Diego Salva Lezaún, todavía se encontraba de prácticas. Acababa de salir de un coma. Cuántos viajes sin realizar, cuántos sueños y emociones perdidos en el banquillo de la vida y que ahora tenía pendiente recuperar. Pero ya no será posible. Nada más conocer la noticia de que ETA había acabado definitivamente con todo eso, sus amigos comenzaron a colgar crespones negros en una de esas redes sociales de Internet. Allí salía él: pelo corto y trajeado. Una de esas fotos que uno mismo se hace frente al espejo antes de salir en Nochevieja. Y todavía habrá quien piense que era un torturador. Habrá quien defienda que se merecía ese final a golpe de bomba lapa. Diego, su compañero Carlos Saénz de Tejada, Antonio Puelles el pasado junio... y la cifra cada vez se acerca más peligrosamente a los 1.000 muertos. Dicho de otro modo, 50 años de terror escritos con la sangre derramada en la plaza de República Dominicana, en el Hipercor de Barcelona, en Ermua aquel verano de incertidumbre y de pasión.... Medio siglo de odio y engaños, desde los rebuznos de Arana a la pintada en la pared, desde la mirada inquisitoria a De Juana Chaos. De Miguel Ángel Blanco a la partida de cartas que no cesa. El que agita el árbol (Arzalluz dixit) y su eterna ambigüedad, Otegi, Lizarra, el silencio cobarde, la resistencia valiente, el exilio inevitable, la esperanza, la frustración, la esperanza otra vez... Y todavía hay asquerosos –monseñor Uriarte, pastor entre lobos- que se atreven a ofrecerse como “catalizadores del diálogo” entre estos asesinos y sus víctimas. Cuando en los deberes para el verano de los políticos aparecían como tarea la Gürtel o la crisis económica, va y se cuela la asignatura pendiente. Pero la cosa tiene poco análisis. No hay más recetas que la que se está siguiendo de un tiempo a esta parte. Unidad y firmeza sin fisuras ante el terror. Lucha policial, judicial e internacional contra esta banda de mafiosos y su entorno. Eso y rechazo en las urnas a quien les apoya o mira para otro lado. Zapatero ya sabe que los atajos en esto no suelen llevar muy lejos. Tampoco las falsas ilusiones. Ni el obcecamiento con quien nunca ha querido razonar. La clave la aportó el Rey: “darles en la cabeza hasta acabar con ellos”. Es el único camino. Y para monseñor Uriarte, un poco de su propia medicina. Una hostia.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






