Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ANÁLISIS DE ECONOMÍA

Cambiar para seguir adelante

Fotografía

Por Gema DiegoTiempo de lectura2 min
Economía00-00-0000

Cuando la campana de cristal que nos mantenía felices y calentitos en nuestro mundo perfecto se rompe y nos coloca frente a una realidad cortante y desnuda, sólo tenemos una opción para seguir adelante: cambiar. Cuando esta crisis estalló en nuestras narices con la quiebra de Lehman Brothers y las sucesivas réplicas en forma de caída del crecimiento económico y multiplicación del paro, la situación comenzó a pedirnos a gritos un cambio como método para acabar con esta pesadilla. Hasta ahora se han aplicado medidas, malas o buenas, más o menos efectivas –el Fondo Estatal de Inversión Local, el Plan 2000-E, ampliación de los subsidios del paro, rescates de bancos, inyección de fondos en el sistema, modificación de tipos de interés…-, pero prácticamente todas ellas con único objetivo: restaurar la campana de cristal, reunir sus pedacitos y soldar sus grietas con precarios parches. Es decir: reconstruir el sistema, aunque sea a trancas y barrancas, para regresar a nuestra forma de vivir anterior. Pero todos sabemos que, al igual que una figura de cristal hecha añicos no se puede recomponer si no es fundiendo y trabajando el vidrio de nuevo, una delicada interrelación económica que ha sido dañada desde sus cimientos no podrá volver a ser válida si no se le extirpan sus males de raíz. Nuestro sistema económico necesita también cambiar, tanto como los seres humanos tendremos que hacerlo para adaptarnos al nuevo mundo que nos ha revelado la crisis. Ésta no será tan grave como la de la época de la Gran Depresión, pero sólo nos servirán de algo estos años de sufrimiento si los aprovechamos para reformar los organismos reguladores, las mentalidades y hasta el mercado de trabajo. No se trata de extender con la brocha un maquillaje de flexi-seguridades y vocablos engañosos de semejante calibre: se trata de definir el tipo de actividades que necesita nuestro país, de apoyarlas, enriquecerlas y, sobre todo, valorar a todos los profesionales para que se sientan motivados y aprecien la importancia de desarrollar su labor, tanto ellos como los empresarios que los contratan. Se trata de que todos los ciudadanos tengan oportunidades ilusionantes, y también de que dispongan de los instrumentos para crearlas. Me gustaría ver cómo España, sus ciudades, sus pueblos, cambian en esta buena dirección, como me gustará, y espero que a ustedes les gustará tanto como a mí, ver cómo La Semana cambia a partir del próximo mes de septiembre. Renovarse o morir, que dirían algunos en estos tiempos de crisis.

Fotografía de Gema Diego