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SIN CONCESIONES

Las croquetas de mi madre

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión05-10-2008

Soy un machista. Lo confesaré antes de que me acusen de imponer mi visión masculina del mundo y antes de que me retiren del mercado, como al último anuncio de las Letras del Tesoro. La obsesión por la igualdad entre hombres y mujeres no sólo lleva a equiparar lo que es distinto. Ahora, incluso sanciona que el hombre reconozca las virtudes de una mujer si las feministas piensan que debajo de tal elogio se oculta una connotación machista. Es surrealista. Resulta que, cuando cada noche, le felicito a mi mujer por lo sabrosa que le ha quedado la cena estoy incurriendo en un gesto de lo más retrógrado. Así que si tengo la suerte de estar casado con una excelente cocinera, me tengo que callar. Si lo reconozco públicamente, soy machista. Si le doy la enhorabuena, soy machista. ¿Y cuando ella me da las gracias cada noche por lo bien que hago la cama, también es machismo o lo suyo es un feminismo tolerable? Mi madre hace las mejores croquetas del mundo y así se lo hemos reconocido siempre. Sin embargo, ahora tendremos que dejar de decírselo porque a la ministra de Igualdad le parece una conducta "sexista". Reconocer el cariño que una madre pone al cocinar unas croquetas ya no es honrar su esfuerzo y dedicación a la familia. A partir de ahora, según la doctrina de Bibiana Aído, es un desliz machista completamente desfasado. Las croquetas de mi madre llegan cada semana en su materia prima a casa de mi hermano Miguel, quien da forma a la pasta, la reboza en huevo y la fríe en la sartén. Mis sobrinos las devoran como leones hambrientos y también cantan glorias y aleluyas por el exquisito sabor de ese trozo de besamel relleno con trozos de pollo y jamón. La ministra Aído debería aclarar si en este caso, cuando mi madre elabora la masa pero mi hermano fríe las croquetas, también resulta machista y retrógrado agasajar al cocinero con comentarios por su buen quehacer. Seguro que la respuesta de Aído no tendría desperdicio. No se puede esperar menos de una ministra que pasará a la historia por convertir el morado en el color oficial del Ministerio y por feminizar el lenguaje hasta inventar la palabra miembras con tal de no usar el doble género del término miembros. Al ordenar la retirada de un anuncio gubernamental sobre croquetas se califica a sí misma. Que una ministra del Gobierno de España se preocupe a estas alturas del siglo XXI por la posible connotación machista de una frase sin ninguna mala intención en una publicidad radiofónica dice poco de la responsable política y mucho menos de la senadora del Partido Popular que alertó a Aído de semejante "escándalo". Ellas sí que provocan escándalo por tratar como subnormales a los ciudadanos. En 2008 han muerto más mujeres que nunca por la violencia de género. Eso sí que es un problema, eso sí que es un escándalo. La crisis económica es otro escándalo y el modo en el que el Gobierno disimula su culpa supone una vergüenza para cualquier español con dos dedos de frente. Los 600.000 puestos de trabajo que se han destruído en el último año sí que son un escándalo para la economía del país y para las familias que se han quedado en el paro. El Gobierno debería dejar de dar lecciones sobre qué podemos hacer y qué anuncios no se deben emitir. A este paso, ensalzar la belleza de tu mujer cuando regresa de la peluquería o se pinta los ojos va a ser delito aunque el 99% de los hombres lo hagamos como un detalle de atención, de complicidad y de amor hacia la pareja.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito