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COLOMBIA

El Ejército colombiano libera magistralmente a Ingrid Betancourt

Fotografía

Por LaSemana.esTiempo de lectura2 min
Internacional06-07-2008

Han pasado años ya desde que el Ejército colombiano comenzó a infiltrar soldados en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El objetivo, desde un primer momento, fue el de llegar a contar con algún agente en la cúpula de la organización o al menos en un grupúsculo que estuviera en contacto directo con grupos de rehenes. Y la misión fue completada con éxito.

El infiltrado gubernamental en el corazón de las FARC ordenó, hace apenas unas semanas, a un grupo de guerrilleros que, ante la reciente muerte del anterior líder terrorista Manuel Marulanda, Tirofijo, era necesario trasladar a todos los rehenes de la selva de Guavaire hacia un punto cercano a Alfonso Cano, el nuevo cabecilla de la organización. Fue entonces cuando, sin la menor sospecha, los carceleros de la guerrilla comenzaron a reunir a todos los secuestrados que se encontraban diseminados por la sureña región en tres grupos diferentes. Una vez reunidos los rehenes, el infiltrado dio instrucciones de que un helicóptero de la mediación venezolana llegaría en unos días a un punto señalado cerca del río Apaporis para trasladar a Betancourt, tres estadounidenses y otros 11 soldados del Ejército colombiano, a su nuevo destino. Dicho y hecho. La mañana del miércoles 2 de julio un helicóptero modelo MI-17, idéntico a de los que dispone el Ejército venezolano, aterrizó a orillas del Apaporis. En su interior, dos pilotos del Ejército colombiano ataviados con camisetas del Ché Guevara. Con total confianza, dos de los miembros de las FARC que custodiaban a los rehenes entraron en la aeronave. Detrás de ellos, con apenas un par de minutos de diferencia, los 15 rehenes fueron obligados a subir al helicóptero esposados. Betancourt, describió ese preciso instante en Bogotá tras su liberación. "Cerraron las puertas del helicóptero, despegó y, de repente, algo sucedió, no me di cuenta bien qué era. De pronto vi al cruel comandante que durante tanto tiempo fue tan humillante y tan déspota en el suelo, desnudo y con los ojos vendados. Entonces, el jefe de la operación se giró hacia nosotros y dijo: somos el Ejército nacional, son ustedes libres". Entonces el helicóptero estalló en júbilo entre gritos y lágrimas de los liberados. "No nos lo podíamos creer", afirmó Betancourt.

Fotografía de LaSemana.es