ANÁLISIS DE ESPAÑA
La caricatura de Rajoy

Por Alejandro Requeijo
3 min
España27-04-2008
Corría el año 2007 cuando dos realidades confrontaban entre si en un conflicto que podría haber tenido graves consecuencias. De hecho las tuvo. A un lado, una civilización venida a menos, titubeante, insegura de su futuro porque ha decidido olvidar su pasado. Ese en el que un día fue grande y referente del resto. Se trata de Europa u Occidente, como prefieran. Al otro lado estaba el Islam. Una civilización emergente, interesante e inquietante, cada vez más fuerte. Con unos valores que pueden gustar más o menos, que objetivamente pueden ser más o menos válidos, pero que son los que son y ellos creen convencidamente en ellos. El asunto, lo recordarán, era la publicación en prensa de unas caricaturas de Mahoma que el mundo islámico consideraba ofensivas. Europa -muy digna ella- salió reivindicando el derecho a la libertad de expresión, de religión, etc. Pero los que tenía enfrente, que a esas alturas ya habían asaltado alguna embajada, no se conformaron con tales argumentos. Exigían fervientemente una rectificación. Europa se equivocó, se pasó de lista y se extralimitó en los límites del respeto y la convivencia con ese punto de mofa y prepotencia que a veces tanto nos caracterizan. Pero ese no es el tema. El tema es la forma en la que los occidentales tuvieron de salir del bache. Después de enarbolar una serie de derechos necesarios, valiosos y nuestros, acabó pidiendo perdón. Lo grave del asunto es que no lo hizo por creerse en un error sino que lo hizo por miedo. A esas alturas el número de embajadas atacadas y el nivel de tensión había subido considerablemente. Europa prefirió guardar la ropa y curarse en salud sacrificando así sus valores. Por miedo. Rajoy fue un líder sólido en el pasado, con idea clara y unos valores definidos. Tenía un discurso potente y hasta se decía de él que era un parlamentario infalible –hoy en la tribuna le gana hasta Zapatero-. Pero el líder del PP ya no es más que una caricatura de todo aquello con dos derrotas a la espalda que ha decidido aferrarse al poder. Enfrente tiene a un valor en alza, Esperanza Aguirre, que viene con fuerza, empujando sin complejos. Sus valores son los que son. Pueden gustar más o menos. Objetivamente el liberalismo que abandera es peligroso y sobre todo perjudicial e insuficiente precisamente para quien no se lo puede permitir, que en España aun son mayoría. Pero a pesar de todo, ella se lo cree y pretende llevarlo a cabo cueste lo que cueste. En este enfrentamiento, recientemente Rajoy dio un golpe en la mesa para recordar quien es el jefe. “Quien se quiera ir al partido liberal que se vaya” dijo en Elche. Que no es otra cosa que decir que quien no vaya a arrimar el hombro, quien anteponga sus intereses más personales por encima de los del partido a instancias de un falso debate ideológico, que coja la puerta y se vaya. Y tenía razón. Pero bastó una petición de aclaración de su oponente para que reculase y dijese que aquellas palabras no iban dirigidas a ella. En fin, los últimos días están sacando a la luz la caricatura de lo que se ha convertido Rajoy, que no es otra cosa que lo que ha sido en los últimos cuatro años. Es decir, el conflicto con Aguirre está exagerando lo mejor y lo peor de un político que por la mañana planta cara con un discurso acertado y contundente, pero por la noche titubea, rectifica y duda. En fin Mariano, que con un “he dicho lo que he dicho y quien se pique es que ajos come” hubiese bastado. Sin miedo.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






