PUNTOS DE DEBATE
Yo Robot

Por Elías Said
3 min
Opinión26-04-2008
Esta última semana me ha rondado una idea, al ver a representantes de gobiernos latinoamericanos, en el momento de asumir posturas en temas de interés para cada uno de sus países. Admito que soy consciente del carácter político de las asignaciones de muchos representantes públicos en las altas esferas de poder, pero sí me sorprende la capacidad de exposición y defensa a ultranza de argumentos idénticos, sin carga visible de mantenimiento de una postura crítica y autónoma, a pesar del cargo que se detente en el gobierno de turno. Es aquí donde la defensa de la línea del partido de estos políticos y la representación social que ejercen desde sus cargos se difumina, hasta puntos tales, que me hacen albergar confusión respecto del rol desde donde emiten sus comentarios y, sobre todo, de los criterios adoptados para su selección, es decir, si fue por afinidad política o también, por su capacidad real para asumir los retos implícitos en sus cargos. Tal es el caso de los principales representantes del gobierno venezolano, por ejemplo, ya que al escucharles echo en falta el carácter individual de sus personalidades, puesto que predican en todas sus intervenciones ante los medios, argumentos que son asumidos por el presidente venezolano, Hugo Chávez, sin la menor intención de modificar o hacer suyas estas ideas, ni mucho menos enfocándolo en el marco de los deberes implícitos a las posiciones que detentan. Mantenimiento de la revolución, carácter imperialista y apatria de los que se oponen a ésta, intento de dar mayor carácter socialista a la sociedad venezolana son algunos de los argumentos que, de tanto uso axiomático, se han convertido en clichés políticos empleados para dar cuenta de todo lo que acontece en Venezuela y para justificar las ineficiencias existentes en el presente, en las diferentes instituciones públicas venezolanas. Es como si todo fuese causa de lo mismo y como si la falta de capacidad para asumir retos, tuviese su origen únicamente en lo acontecido antes, evadiendo las responsabilidades actuales, transcurridos nueve años en el poder. Ante esta exposición, en clave de credo u oración religiosa, no solo me produce cansancio al escuchar siempre lo mismo de parte de los representantes políticos latinoamericanos, sino que siento la necesidad de una libertad de poderes inexistente y reclamo que los representantes políticos asuman una postura donde, si bien no evadan su condición afín a un proyecto político, procuren dar más cuenta de su calidad y pertinencia gestora en cada una de las instituciones que ostentan, dejando lo puramente político en un segundo plano. Creo que no es pedir mucho. Solo espero, como ciudadano, que quienes me representen lo sean sin recordarme de qué partido son y que no opinen desde las líneas políticas diseñadas desde las sedes de estos. Sólo deseo que quienes asuman posiciones de poder no escurran el bulto de sus deberes y responsabilidades con retóricas donde, en vez de responder a los problemas e ineficiencias, solo sirven para desenfocar lo que verdaderamente es importante: que hagan su trabajo, sin más, y sin hacernos sentir que estamos en periodo electoral permanentemente, repitiendo lo que el líder dice al caletre.






