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ANÁLISIS DE DEPORTES

Saber llegar, saber irse

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura2 min
Deportes05-03-2006

Florentino Pérez mantuvo siempre una alocución correcta, quizá demasiado. Supo convencer a los socios de su proyecto –ganó las elecciones después de que el Madrid ganara una Copa de Europa, nada sencillo porque los resultados y los éxitos mandan– y ha sido un maestro en la gestión de imagen y marca del Real Madrid. Pero un club de fútbol es una realidad mucho más compleja que una empresa. Su discurso apeló a los aspectos de marketing, es decir, insistió en los aspectos generales a los que aspiraba: situar al Real Madrid en una posición de liderazgo económico, con el respaldo de los socios y con los mejores jugadores. , Sus logros en este aspecto son indudables. Sin embargo, el proyecto de Florentino empezó a cojear después de que Jorge Valdano renunciara como director deportivo. Pérez delegó en el argentino toda la responsabilidad en esa parcela, para que fuese la cara visible del club, pero no pudo encontrar un sustituto como él. Por preparación y por personalidad, obviamente, Emilio Butragueño es un personaje muy distinto. Al no ser un experto, Pérez siempre mantuvo confianza en sus asesores, pero los errores le provocaron dudas, hasta el punto de acumular cinco entrenadores en un plazo de tres años y que los jugadores del Real Madrid hayan salido, en muchos casos, descontentos y sin cumplir las expectativas. Florentino ha pecado en su presidencia de buenazo, pero nunca de poca inteligencia. Los argumentos que ha mantenido para justificar su dimisión son plenamente válidos. Ha reconocido sus errores y que no supo convencer de su proyecto a los demás implicados, una humildad que lo engrandece como presidente. La sorpresa –para quienes piensan en los círculos de influencia y poder– es el nombramiento de Fernando Martín, un vocal, en lugar de alguno de los vicepresidentes: una decisión tomada con independencia. Queda por ver si Martín sucumbe a la tentación de terminar el mandato, si las cosas salen bien, o si una vez que quede hecho el trabajo de la próxima temporada convocará elecciones. Aunque muchos lo critiquen, ésa sería la opción más sensata para no alterar el ritmo de trabajo en el club. Las dimisiones no tienen por qué ser un capítulo traumático, al menos si las circunstancias hacen que sea una decisión tomada con libertad. El precedente más inmediato es el de Héctor Cúper: el argentino, pese a que aún tenía crédito como entrenador, vio que no conseguía nada y prefirió ser honesto. La llegada de Gregorio Manzano, aunque lo perjudica, ha supuesto un bien para el club. Aunque no deje de ser una situación indeseada, extraña, es necesario cambiar la mentalidad de muchos responsables que se aferran al cargo y terminan cegados, incapaces de reconocer cuándo pasa su momento. Por eso Florentino y Cúper merecen todo el respeto y el agradecimiento por su trabajo.

Fotografía de Roberto J. Madrigal