SER UNIVERSITARIO
Saber escuchar

Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión04-03-2006
La actitud fundamental de cualquier auténtico universitario es saber escuchar. Antes, incluso, que saber mirar. La mirada tiene cierta capacidad de “cosificación” y se muestra tan grosera a la hora de establecer límites que le dice a la tierra “acabas en el horizonte”. La escucha, sin embargo, es una actitud más receptiva, contemplativa, de apertura a una realidad armónica, infinita, sin límites, misteriosa. ¿Acaso no es el silencio una “música callada que no se oye porque suena siempre”. Una música callada que revela la conexión íntima de todas las cosas, que no es sino el amor. De esta virtud sabía Quevedo y por eso no osaba decir “leo a los clásicos”, sino “escucho con los ojos a los muertos”. Momo, en esta ocasión puede ser nuestra maestra. Las gentes de pueblo siempre buscaban a Momo y todos se preguntaban por qué. “¿Es que Momo era tan increíblemente lista que tenía un buen consejo para cualquiera? ¿Encontraba siempre las palabras adecuadas cuando alguien necesitaba consuelo? ¿Sabía hacer juicios sabios y justos? No, Momo, como cualquier otro niño, no sabía hacer nada de eso. Entonces, ¿es que Momo sabía algo que ponía a la gente de buen humor? ¿Sabía cantar muy bien? ¿O sabía tocar un instrumento? ¿O es que -ya que vivía en una especie de circo- sabía bailar o hacer acrobacias? No, tampoco era eso. ¿Acaso sabía magia? ¿Conocía algún encantamiento con el que pudiera ahuyentar todas las miserias y preocupaciones? ¿Sabía leer en las líneas de la mano o predecir el futuro de cualquier otro modo?” Nada de eso. Aquello que parecía inteligencia, sabiduría, alegría o, incluso, magia, no era sino que sabía escuchar. Hasta el punto de que “si alguien creía que su vida estaba perdida y que era insignificante […] y le contaba todo eso a la pequeña Momo”, pronto le resultaba claro, “de modo misterioso, mientras hablaba, que tal como era sólo había uno entre todos los hombres y que, por eso, era importante, a su manera, para el mundo”. ¡Qué grande es Momo! Saber escuchar enseña mucho al estudiante universitario. Pero el maestro que sabe escuchar a su discípulo le enseña a éste algo mucho más importante: que su vida merece la pena ser vivida, narrada, escuchada. Que su vida merece la pena. ¿Puede alguien enseñarnos mayor lección que la de que “nuestra vida merece la pena”? ¿Queremos tener el privilegio de enseñarle a alguien cuánto valor encierra su vida? Hagamos por escucharle. Hoy, aquí, ahora, siempre, como si nada ni nadie hubiera más importante, en cada momento, que él. Aprenderá la lección más importante y nos estará agradecido toda la vida.






