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Una apuesta por la reinserción de los presos

Por Cristina CasaresTiempo de lectura1 min
España25-10-2002

Félix Ramón Gil Ostoaga fue condenado a casi 300 años de cárcel por su participación con la banda terrorista ETA en más de un atentado. Una juez de Bilbao le firmó el pasado día 8 la concesión del tercer grado. Este no es el único caso en el que un etarra abandona la prisión antes de que finalice su condena. Por eso, términos como cadena perpetua o pena de muerte han vuelto a formar parte del debate público.

La pena de muerte y la cadena perpetua son dos prácticas penitenciarias que España no recoge en su Código Penal. La pasada semana, tras la publicación de que un gran número de etarras conseguía su puesta en libertad antes de tiempo, se ha vuelto a poner de actualidad el tema. El presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ha pedido que se aplique la cadena perpetua a terroristas y maltratadotes. En declaraciones a la Cadena Ser declaró que "los asesinatos que se cometen en España como consecuencia del terrorismo, y me atrevería a decir también que los asesinatos que se cometen por los hombres con respecto a las mujeres, eso que se llama violencia de género y que yo llamo simplemente asesinatos, deberían estar castigados con algo más que una pena tendente a la reinserción, y llevar a los extremos de que quien mata a una niña de seis años, o a un niño, o a su mujer, simplemente por ser más débil, yo creo que debería pasar en la cárcel mucho más tiempo del que pasa". En este sentido, el presidente extremeño manifestó además que, "aunque esto no sirva para eliminar el problema, sí sirve por lo menos para que quien los comete sepa que la sociedad no le va a dar otra segunda oportunidad". En España, la ley apuesta por dar una segunda oportunidad a los encarcelado,s y por esta razón se suelen reducir las penas por estudiar una carrera o por buena conducta o arrepentimiento. La finalidad de todos estos beneficios penitenciarios es conseguir la reinserción de los presos en la sociedad. Al contrario de países como Estados Unidos o China, donde la pena de muerte y la cadena perpetua están vigentes.