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Exposición

65 obras de Joan Miró revelan su faceta menos conocida

Por Blanca ZanónTiempo de lectura2 min
Cultura13-12-2016

Madrid cuenta con un nuevo espacio dedicado a más de sesenta obras de Joan Miró, concedidas en calidad de depósito por coleccionistas del artista a la Fundación MAPFRE. La exposición tiene como objetivo mostrar la figura de Miró como un maestro del arte español del siglo XX, así como enseñar una faceta menos conocida y sorprendente del pintor a lo expuesto en el Museo Reina Sofía.

Miró (Barcelona, 1893 – Palma de Mallorca, 1983) no solo destacó por su pintura, sino también por sus esculturas, grabados y cerámicas. Cinco coleccionistas han cedido sus obras a la Fundación por una duración de cinco años y con la posibilidad de prolongarlo por cinco años más. La colección del pintor catalán se encuentra en la nueva sede de la institución, dividida en dos salas y cinco secciones.

Por primera vez, es una colección que estará de manera permanente en la institución y donde se muestran las obras que caracterizan sus últimos años de trayectoria artística, como la muerte de la pintura, la antipintura, los pájaros, las mujeres, las estrellas o las cabezas anónimas.

La primera parte de la muestra comienza con “Miró/Calder” donde se hallan algunas de los retratos en alambre, como El retrato de Joan Miró y elementos móviles con las que el artista estadounidense, Alexander Calder, obsequió al catalán. Este artista americano, amigo de Miró desde su encuentro en París en 1982,  se interesó también en la abstracción y se dijo de él que sus móviles son como abstracciones vivientes de Miró.

Mujer española (1972), es una de las obras que más destacan en la segunda parte de la exposición, titulada “El signo y el gesto”. En esta sección se advierte el uso de materiales como la arpillera, el acrílico, el cartón o el lienzo sin bastidor, propios de aquello que se estaba desarrollando en Europea, así como la influencia que tuvieron en él artistas como Pollock o Motherwell.

La exhibición continúa con  “Mujeres, pájaros, estrellas” y “Las cabezas” . En este periodo Miró hace poesía a través de sus propias obras, en las que utiliza el acrílico dejando gotas que chorrean sobre el lienzo, y utiliza posteriormente cabezas representando una pintura más despojada. Espacio Miró termina con “Desafío a la pintura”, un periodo en el que Joan Miró pinta sobre cuadros de autores desconocidos a base de resinas, telas rotas o pegotes de pintura, por su deseo de “asesinar la pintura”.