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AFGANISTÁN

La muerte del mulá Mansur reabre la lucha interna por el poder talibán

Por Selene PisabarroTiempo de lectura3 min
Internacional23-05-2016

Apenas ha pasado un año desde que el movimiento talibán obtuviera un nuevo líder en julio de 2015. Ajtar Mansur se erigió como el máximo representante de la insurgencia afgana después de que el mulá Omar muriese dos años antes por una enfermedad. Entonces, se rumoreó que la muerte del fundador talibán había sido consecuencia de un envenenamiento para lograr que Mansur ocupara su cargo, tal y como aseguró en su momento Fidai Mahaz, un grupo escindido de los talibán.

El mulá Mansur ocultó durante dos años el fallecimiento del líder. Así, transmitía mensajes a sus combatientes de forma que les hacía creer que seguía vivo a pesar de que él ya estaba liderando la insurgencia. Esto provocó varios enfrentamientos y otros miembros se unieron a las filas del autoproclamado Estado Islámico. Precisamente, esta organización es uno de los mayores rivales de los talibán, con quienes se disputa el territorio en Afganistán.

Mansur y Omar compartían orígenes: ambos habían nacido alrededor de los años 60 y eran de origen pastún, de la provincia de Kandahar. Además, los dos rehuían de las cámaras, que pocas veces les captaron más que con su poblada barba y el turbante. Mansur, al que se le relacionó con los servicios secretos de Pakistán, emigró allí como consecuencia de la guerra en Afganistán.

Una vez que regresó a su país, consiguió ser ministro de la Aviación Civil cuando los talibán llegaron al poder en los años 90 en la mayor parte de Afganistán. Aun así, tuvo que huir de nuevo a Pakistán en el 2001 tras la invasión americana y la posterior exclusión del poder a los talibán.

Con su mandato ha reforzado el poder de los talibán, al mismo tiempo que ha logrado durante el último año someter a los disidentes y eliminar a los rivales que provienen, generalmente, de otras facciones que se han escindido del grupo. Por esta razón, se teme que ahora se reaviven las luchas internas. Antes de ser el líder, Mansur era favorable a negociar con el gobierno afgano, un aspecto que cambió cuando llegó al poder de la organización, ya que se mostró reticente.

Ahora es el turno de que los talibán busquen a un sucesor, algo que no será fácil debido a las numerosas disputas internas. Entre los aspirantes al cargo están el hijo del fallecido mulá Omar, el mulá Yacub – de 27 años y al que hace un año se le consideró inexperto y muy joven para liderar el movimiento-, pero también dos lugartenientes como son Sirajuddin Haqqani y el líder religioso Haibatullah Akhundzada. Haqqani es el más fuerte debido a que es el hijo del fundador de la red que lleva su mismo nombre y, por tanto, más peligroso para las fuerzas afganas y norteamericanas.

A raíz de la muerte de Mansur, el Gobierno norteamericano ha mostrado su esperanza para que Afganistán obtenga la paz y la prosperidad después de más de una década de enfrentamientos. Además, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha afirmado que ha eliminado “al jefe de una organización que ha conspirado continuamente contra las fuerzas americanas y la coalición en una guerra contra el pueblo afgano, poniéndose al lado de grupos extremistas como Al Qaeda”.

Obama también ha advertido de que el mulá Mansur no intentó cooperar en ningún momento con el Gobierno afgano para terminar con los enfrentamientos. En esta línea, ha asegurado que Washington continuará con la misma estrategia para restaurar la paz y la seguridad en Afganistán.