Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

NBA

Pau Gasol: un nombre en el mapa

Por José Luis AjeroTiempo de lectura2 min
Deportes18-04-2002

No resulta complicado explicar por qué España vive inmersa en una locura de cestas sin igual. Todo tiene un nombre y una explicación: Pau Gasol. Jordan dice que volvió por amor al baloncesto; Pau ha triunfado, y lo seguirá haciendo, por el mismo motivo.

Novato del mes en noviembre enero y marzo, lo acabará siendo del año salvo hurto de primera clase. Acompañado de una presión desconocida para él; de la vida en una ciudad que se acuesta a la misma hora que el cenaba en Sant Boi y en la que su mejor amigo es su hermano y un videojuego, Gasol encontró en el baloncesto su único refugio válido. Contaba, con frecuencia, que estaba encantado con el ambiente del vestuario, a la vez que ponía buena cara y gesto agradable forzado a todos aquellos que le tratan como padres deportivos. Cuando escapaba de todo se metía en lo suyo: el baloncesto. En la cancha ya hacía estragos con sus dobles dígitos (anotación y rebotes), pero le citaban para la mitad de la temporada donde las piernas y la cabeza pesan (el llamado rookie-wall), y éste lo pasó con la lengua fuera y con la queja del cansancio. Para el All-Star todos le conocían. Allí empezó la campaña por hacerle novato del año desde la tierra de Elvis. Su actitud mutó: despareció el gesto de agobio, llegó el de desenfado y obstinación en anotar de modos diferentes. Fue una época importante, en que las lesiones dejaron al equipo decapitado sin Lorenzen Wright y Jason Williams. Los días de ausencias sirvieron para la integración total de Pau en el American way of life. La morriña había quedado suplida por el cansancio y por el saco de puntos que hacía noche tras noche. Williams, entre tanto, asistía al nacimiento de una estrella que él había obviado desde el primer día “por timidez”. Pau tuvo la mala suerte de no congeniar con él y acabó acongojado en un vestuario, del que Jwill se hizo jefe a pachas con Wright. El roce hizo el inevitable cariño, y las miradas asesinas se trocaron en choques de manos, en asistencias soñadas y hasta en carantoñas. Estimulado con su gran alianza, en los últimos partidos le dio por dedicarse a especular con lanzamientos lejanos y asistencias, que le han llevado a un tope de 32 puntos y a coquetear dos veces con el triple-doble. Pau estará haciendo ahora las maletas con la cabeza para volver a Barcelona. Sus vacaciones serán de bombardeo mundialista y saqueo emocional, pero es el precio que hay que pagar a cambio de que tus rivales piensen en Memphis, lo intenten situar en un mapa y vean, entre paréntesis: Gasol.