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CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR

Carta ‘ha’ vuestro futuro

Fotografía
Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión10-02-2002

Queridos estudiantes de secundaria: Dijo el maestro Gregorio Marañón (quien expresó muchas ideas geniales, especialmente como profesor y no tanto como alumno), que la característica fundamental de la juventud es la rebeldía. Un joven no es rebelde porque luche, sino porque conoce contra qué y por qué lucha. Si hoy nos viera Marañón, nos diría que nadie sabe de Educación tanto como los maestros: nos diría que les escuchásemos. Y os diría también que ninguna “derecha” nos “ha declarado la guerra”, porque no hemos vivido lo que es la derecha, ni la izquierda, ni la guerra y porque con esas dolorosas realidades no se juega. Y nos diría que cómo es posible que seis de cada diez universitarios estén en contra de la LOU, cuando ni uno de cada diez la ha leído. La rebeldía juvenil quedaba antes matizada por el sentido común de la tradición y por la prudencia de los mayores. Hoy el sentido común está muy afectado: Zapatero dice que la reválida es volver a la educación franquista, cuando lo cierto es que la implantó la República; o que supone una regresión, cuando existe en todos los países con menos fracaso escolar del mundo. Con líderes como esos, ¡quién va a respetar un argumento de autoridad! Pero no sólo es la falta de sentido común, también de prudencia, la que dificulta la labor del rebelde. La prisa -la imprudencia- no es propia de sabios y sí de estos tiempos que heredamos. Habéis publicado un cartel cuyo rótulo más grande reza: “La derecha ha declarado la guerra ha nuestro futuro”. Vale, tal vez sea un despiste. Pero un despiste imperdonable: la formación no sólo consiste en aprender ortografía, sino, especialmente, en educar la paciencia, la reflexión sobre lo que se expresa y cómo antes de publicarlo a los cuatro vientos. La formación enseña, entre otras cosas, a no tener prisa, para no resaltar -e incluso, para llegar a vencer- parte de nuestra ignorancia. Son tiempos difíciles para la rebelión: porque la tradición y el sentido común quedaron sepultados; porque el mundo no nos propone el sosiego necesario que atempere nuestro ímpetu. Ahora, un rebelde con causa necesita madurar antes para abandonar su imprudencia e ignorancia a favor de la prudencia y el sentido común, y, a la vez, ser más niño para recuperar la humildad. La humildad de escuchar con respeto, no a políticos zapateros o aznares, sino a maestros como Marañón, Ortega, Unamuno. Me despido deseándoos el mejor futuro posible, afectuosamente.