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NATACIÓN

El dilema de los bañadores: las ¬aguas convulsas¬ de la natación

Por David del OlmoTiempo de lectura2 min
Deportes02-08-2009

Los bañadores de última generación, fabricados con poliuretano, le han dado una nueva dimensión al mundo de la natación. Han provocado su prohibición de cara a 2010 y han dejado más de un centenar de records del mundo bajo sospecha.

La natación, una de las disciplinas deportivas con mayor tradición (incluida en el programa de los Juegos desde 1896) y repercusión olímpica (junto con el atletismo y la gimnasia son los deportes más asociados a la cita cuatrienal), se debate entre la necesidad de adaptarse a las últimas novedades tecnológicas en materia de ropa deportiva y la de preservar sus señas de identidad: el hombre y su lucha en el agua. El problema radica en los avanzados bañadores actuales, que ofrecen al nadador la posibilidad de mejorar su flotabilidad al estar fabricados de una sustancia impermeable, el poliuretano (por otra parte, conocido por el gran público por sus propiedades de aislante térmico y acústico), que consigue crear una capa de aire entre la piel del nadador y el propio bañador. Ese parece ser el secreto para que las plusmarcas mundiales mejoren cada vez que suena el pistoletazo de salida, lo que ha sucedido durante toda la semana en Roma, durante el Campeonato del Mundo. Todo comenzó en el mes de febrero de 2008, cuando la marca Speedo sacó al mercado su modelo LZR Racer (de poliuretano y neopreno, que ahora vende por 320 dólares, unos 225 euros al cambio) y revolucionó la natación en el año en el que un nadador que utiliza su bañador, Michael Phelps, soñaba con superar los siete oros de Mark Spitz en Munich ¬72. El estadounidense fue el mejor reclamo, unido a los cerca de un centenar de records del mundo batidos en todo 2008 (87 sólo en el transcurso de los Juegos de Pekín). El resto de marcas comerciales competidoras de Speedo han trabajado para recuperar la desventaja con ella y este año la italiana Jaked presentó la joya de su corona (de poliuretano, poliamida y elastano, cuesta 372 euros para un máximo de cuatro utilizaciones), que ha desencadenado una sucesión de nuevas marcas y la revisión, por parte de la Federación Internacional de Natación (FINA), de las reglas del juego. Ha anunciado que, a partir del 1 de enero de 2010, se prohibirán los bañadores tecnológicos y se permitirán sólo los textiles, sin mejoras en flotabilidad o en resistencia al agua, además de imponer unas medidas estándar (desde la cintura a la rodilla, como máximo) que entrarán entonces en vigor. Hasta ese momento, con casi 40 records del mundo sólo en el Mundial de Roma, queda la duda de qué sucederá con esas marcas a partir de 2010, si se demuestra que sin esas ayudas en los bañadores las plusmarcas son inalcanzables y el interés mediático por la natación se resiente. Hasta entonces existe una lista de bañadores homologados por la FINA (que probablemente se ha visto desbordada con los enormes avances en el diseño del material, sin saber adaptarse a los cambios desde los tiempos de Johnny Weissmuller, y ahora trata de controlar un caos de enormes dimensiones, con intereses económicos y deportivos que presionan por lograr sus objetivos), un total de 391 modelos, los vigentes hasta fin de año.