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VIAJE PAPAL

Un posible sustituto para el Papa

Por Elena R. CostillaTiempo de lectura1 min
Sociedad08-05-2001

A pesar de que Juan Pablo II sigue desbordando alegría y de que su cerebro está en perfectas condiciones, su cuerpo está deteriorándose de forma visible. La sucesión del Sumo Pontífice podría estar cercana y en el Vaticano ya suenan los nombres de posibles sustitutos.

Se llama Óscar Andrés Rodríguez Madariaga, es cardenal de Honduras y arzobispo de Tegucigalpa y se perfila como uno de los posibles sucesores de Juan Pablo II. Tiene 58 años, es un hombre dinámico y políglota, ortodoxo desde el punto de vista doctrinal y por sus venas corre algo de sangre india. Sea quien sea el sucesor de Juan Pablo II, será elegido en un cónclave completamente modelado por el actual Pontífice a comienzos del año 2001. Juan Pablo II ha designado 37 nuevos cardenales, superando con ello el récord de integrantes del colegio que se eleva ahora hasta 178. Así, Karol Wojtyla ha dejado prácticamente cerrado el colectivo que nombrará a su sucesor. El aspecto que más llama la atención en esta lista es el elevado número de latinoamericanos. Sin duda hay que reconocer a Juan Pablo II el mérito de hacer que esta institución milenaria sea cada vez más internacional y numerosa. De los nuevos nombramientos emerge el deseo de desplazar fuera de Europa el centro de gravedad de la Iglesia. América Latina se perfila como principal cantera de católicos con 26 cardenales electores. "Se necesita un hombre de compromiso que posea algo de las virtudes democristianas, que no decida de forma radical y que sepa administrar con sentido común la normalidad" afirmaba el escritor católico Vittorio Messori, quien considera que es aconsejable el regreso a los papas italianos. A pesar de que se había hablado de una posible renuncia voluntaria, Juan Pablo II quiere morir con las sandalias puestas y tiene su agenda cubierta hasta el año 2003. Según el portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro Valls, es imposible convencer al Papa de que descanse de su intenso ritmo de trabajo, Valls aseguró que "lo más bonito y extraordinario es cómo su aparente debilidad o cansancio él lo ha sabido integrar en su actividad pontificia"