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RESUMEN DE 2007

Fórmula 1 y baloncesto, las decepciones más sonadas

Por César BritoTiempo de lectura3 min
Deportes30-12-2007

El año que termina ha sido bueno para el deporte español, en líneas generales. No obstante, también ha sido escenario de grandes decepciones. Desde el ciclismo al motor, pasando por el baloncesto, muchos aficionados han visto malogradas sus esperanzas de ver a un compatriota en los puestos más altos. En la mayoría de los casos, la desilusión estuvo motivada por una mezcla de expectativas demasiado altas, mala suerte y condicionantes externos.

El ciclismo protagonizó otro de los episodios desagradables de la agenda deportiva. La carrera por etapas más importante del año, el Tour de Francia, estuvo señalada por la desilusión. El triunfo fue para un español, Alberto Contador del Discovery Channel, aunque su nombre no entraba en ninguna de las quinielas. Se trataba de un ganador justo, aunque inesperado, ya que los grandes aspirantes españoles no estuvieron a la altura: Alejandro Valverde, Óscar Pereiro –anterior ganador– e Iban Mayo, por citar algunos ejemplos, no tuvieron nunca opciones reales de alzarse con el título. Por si fuera poco, la lacra del dopaje se cebó una vez más con éste deporte con las exclusiones por sendos positivos de dos de los máximos candidatos al triunfo: Alexander Vinokurov y Michael Rasmussen, este último cuando era maillot amarillo a falta de dos etapas para el final. 2007 ha sido el año en el que mandatarios, prensa y afición han empezado a preguntarse seriamente si el ciclismo es un deporte herido de muerte. Baloncesto y Fórmula 1, dos tragos amargos Los mayores palos para el deporte español vinieron de la mano de la canasta y la Fórmula 1. En el primer caso, los chicos de oro de Pepu Hernández, vigentes campeones del mundo, afrontaban el Eurobasket como grandes favoritos con el aliciente, además, de jugar en casa. A lo largo de toda la competición, la selección española pasó su particular rodillo y ganó sus partidos por diferencias que rondaban casi siempre los veinte puntos. La victoria ante Grecia, en semifinales, desató una euforia difícilmente controlable y muchos veían el doblete como algo prácticamente seguro. Sin embargo, España jugó su único mal partido en la final ante Rusia, a la que ya había ganado sin problemas con anterioridad. Con estadísticas anotadoras muy pobres, los españoles vieron escapar el europeo por una diferencia de un punto en un partido pésimo y ganaron una medalla de plata que, aunque muy meritoria, sabe a poco. El bicampeón del mundo de Fórmula 1, Fernando Alonso, cumplió su sueño de infancia y fichó por una de las grandes escuderías, McLaren, con lo que aumentaba sus opciones de revalidar el título al volante de un coche realmente competitivo. A pesar de todo, el español tuvo obstáculos en el camino desde el principio y comprendió demasiado pronto que Ron Dennis no lo trataba como un campeón del mundo, en detrimento de un Lewis Hamilton recién llegado que no estaba, ni mucho menos, por la labor de ayudar. Alonso tenía que trabajar en un entorno poco favorable y en un ambiente irrespirable ya a mitad de temporada. Un mal trabajo de equipo, unas relaciones más que tensas en el box, e infinidad de elementos extra deportivos, entre los que destaca el escándalo por espionaje a Ferrari, eliminaron todas las opciones del equipo inglés en el mundial de constructores, apretaron muchísimo la clasificación de pilotos en la recta final del campeonato y relegaron finalmente al español a un ingrato tercer puesto en la clasificación, a sólo un punto del campeón, Kimi Raikkönen. Con su regreso a Renault, cual hijo pródigo, Alonso espera olvidar su particular annus horribilis.