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INMIGRACIÓN

Francia frenará la inmigración con medidas más duras

Por Lucía E. GonzálezTiempo de lectura2 min
Sociedad29-11-2005

El primer ministro francés, Dominique De Villepin, ha anunciado nuevas medidas de control para endurecer las leyes contra la inmigración. Asimismo, el ministro del Interior francés, Nicolas Sarkozy, tacha de "peligrosas" las regularizaciones llevadas a cabo por los gobiernos español e italiano.

Si hasta este momento era el ministro del Interior galo, Nicolas Sarkozy, quien predicaba en solitario el endurecimiento de las leyes antiterroristas, policiales y de inmigración en Francia, se suma ahora también el primer ministro francés, Dominique de Villepin, que ha querido anexarse a esta estrategia de "mano dura" que tanta popularidad le ha dado a Sarkozy. Así, el Gobierno francés ha asumido como propia esta línea. En una demostración de política de severidad, De Villepin ha anunciado en el Senado una batería de medidas para endurecer la política de inmigración, el acceso a la nacionalidad y la obtención de permisos de residencia. Entre los dispositivos establecidos, el Ejecutivo francés aprobó medidas contra los matrimonios de conveniencia; duplicó el plazo necesario de residencia para su solicitud; instó a la verificación del cumplimiento de la ley que prohíbe la poligamia y endureció los procesos de selección de estudiantes extranjeros por parte de sus embajadas. Este giro de la política francesa puede ser la primera y principal consecuencia tras la ola de disturbios que asoló Francia durante el pasado mes de noviembre. El descontento de un sector de la sociedad, fundamentalmente subsahariano, provocó que miembros de este colectivo se echasen a las calles para expresar su malestar y protagonizar innumerables concentraciones que con frecuencia derivaron en la destrucción de mobiliario urbano, quema de vehículos, actos vandálicos contra instituciones y levantamientos de barricadas en vías de comunicación. Todo ello estableció una extremada inestabilidad política que instaba a un cambio radical. Por otra parte, el Gobierno francés no sólo endureció su política, sino que, además, Sarkozy, se refirió a España e Italia para criticar que las regularizaciones de inmigrantes llevadas a cabo por sus gobiernos eran "peligrosas" porque producían un "efecto llamada". "Las autoridades italianas regularizaron a 700.000 trabajadores clandestinos, con la base de un trabajo en 2002, y los españoles han regularizado a 600.000 este año". Así lo resumía el ministro ante el Senado francés para señalar que la amplitud de ambas regularizaciones demuestra el peso del trabajo clandestino en Europa. En este contexto, Sarkozy anunciaba el objetivo de Francia de llegar en 2006 a las 25.000 expulsiones de inmigrantes en situación irregular, tras los 20.000 que espera lograr repatriar este año.