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APUNTES DE BANQUILLO

Quiero ser como el ‘Chaba’

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura2 min
Deportes14-12-2003

Qué se puede decir de una muerte, más aún si es como la del Chaba Jiménez. En casos como éste, en el que ya han pasado unos días, lo mejor es guardar silencio, respetar el dolor de la familia –más intenso si cabe porque es dificilísimo salir de una depresión, y lo estaba intentando– y rezar por ellos. Con todo, a pesar de la conmoción –sincera– que he visto en los círculos relacionados más o menos directamente con el ciclismo, tengo la sensación de que tan sólo en El Barraco, en la austeridad de Ávila y Castilla, en la cuna de otros grandes corredores como Francisco Mancebo y Pablo Lastras –éste madrileño, pero también compañero de muchas fatigas en el Banesto– van a mantener el sentimiento de tristeza y de pérdida: me remito al hecho de que a la opinión pública tan sólo hayan llegado noticias durante un par de días, primero con el fallecimiento, luego con los pertinentes obituarios y biografías, y por último con el sepelio. La obsesión por la inmediatez está empezando a ahogar el verdadero periodismo: el que trataba de hacer entender la realidad a los ciudadanos. Hasta para eso ha sido fugaz la huella del Chaba, genio y figura, pero así se cuecen las habas: quedan ya pocos caballeros en esto del ciclismo, mal que pese. Y por cierto, las amistades y el aprecio que tuvo no le valieron para caer del Banesto en cuanto se movió el árbol con las primeras crisis, hace un par de temporadas: es para no deseárselo a nadie. José María Jiménez nunca tendrá aquel arraigo que consiguió otro de sus compañeros, Miguel Induráin, con sus glorias en el Tour de Francia: sin embargo, quien lo definió como el Curro Romero de la bicicleta y los puertos, acertó de pleno. Ignoro la razón, porque no lo llegué a conocer personalmente, pero tuve la ocasión de verlo correr en la última Vuelta a España, allá por 2001, y felicitar a sus padres por el tercer puesto, el jersey de la montaña y las tres victorias de etapa que consiguió. Gentes sencillas, de pueblo en el buen sentido de la palabra: ellos son quienes se merecen un abrazo de apoyo y de ánimo. Porque me identifico con ellos y con su hijo, aquel que reclamó, en medio de la planificación, los calendarios y los entrenamientos, el lugar destacado que merece el talento. A veces, cuando paso del éxtasis al desánimo –o al contrario– en un segundo, me gustaría ser tan genial como el Chaba. Si de bien nacidos es ser agradecidos, deberíamos decir algún día que un corredor es tan peculiar como lo fue él. Ojalá.

Fotografía de Roberto J. Madrigal