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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Desde casa

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad13-12-2016

Cada vez que se publica un informe PISA se actualiza el espectáculo ibérico del rasgado de vestiduras. Qué mal está el sistema educativo español. Qué malas políticas educativas se hacen. Qué pocos fondos se destinan. Qué desigualdades hay entre la escuela pública y la concertada. Qué catástrofe cambiar de modelo educativo cada dos por tres. Y no falta razón, pues es fácil comprobar que en la era de los nativos digitales y el acceso desmedido a los datos, el denominado fracaso escolar y sus daños colaterales sigue haciendo aguas, a pesar de que se maquillen cifras y porcentajes.

Sin embargo, hay excepciones que confirman la regla y que demuestran que, como en tantísimas cosas, tampoco en la educación y su fracaso made in Spain hay que generalizar. Por ejemplo, en Castilla y León el citado informe aprueba con nota y supera en varios puntos la media española y, en algunos centros de esta comunidad autónoma, las evaluaciones de los alumnos son equivalentes en brillantez a las que se producen en Finlandia. 

Dicen sus protagonistas hispanos, los maestros, que esto se debe a que la despoblación hace que las escuelas rurales tengan menos ratio de alumnos por docente, que en el aula no se pierde el tiempo en mandar callar a los pupilos y que los profesores, si quieren avanzar en nuevas técnicas de enseñanza, se buscan las mañas para reciclar sus conocimientos aunque lo tengan que pagar de su propio bolsillo. Por lo que el PISA también saca los colores a la inversión que se hace en cada región a la educación española, pues no por dedicar más dinero por cabeza pensante se sacan mejores notas. 

Y, en medio de todos esos porqués, surge un planteamiento: si cuando hablamos de educación en España deberíamos referirnos a formación y dejar lo primero para casa, algo que aplauden algunos de los exitosos docentes castellano y leoneses, que valoran que sus aprendices ya carguen en la mochila una serie de valores indispensables para el buen funcionamiento de cada jornada escolar y que, por eso, guardan silencio, respetan a los demás y permanecen atentos a las explicaciones. 

Va a ser cuestión de, en medio de tanta modernidad, valorar las cosas de siempre y aplaudir la educación paleta. Porque ser de pueblo y vivir en un ámbito rural no implica ser un ignorante ni un mal educado, como tampoco hace falta irse a Finlandia para sacar buenas notas. Ya lo dicen los maestros que triunfan en el PISA. La educación comienza desde casa. Con todo lo que eso implica.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo