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ANÁLISIS DE CULTURA

Bienvenidos al show de Truman

Fotografía

Por Marta G. BrunoTiempo de lectura4 min
Cultura12-12-2016

La seguridad es un concepto demasiado amplio y trascendental. Por otra parte somos libres como consecuencia de unos derechos adquiridos y heredados de los que de verdad lucharon para que viviéramos así. Con unos límites lógicos, pero lo somos. Y jugamos con esa libertad quizás con los ojos vendados. Tenemos a nuestro alcance todas las herramientas disponibles para jugar con ella a costa de nuestra seguridad. La cuestión es...¿somos conscientes de lo vulnerables que somos?

 A la protagonista de la novela El desorden que dejas, de Carlos Montero, que cayó en mis manos hace unos días y que por cierto recomiendo, le pasa algo relacionado con el debate expuesto más arriba. Profesora novata en un instituto de un pueblo gallego, sustituye a la fallecida Viruca y cae en una clase que pone a prueba día a día a la maestra. Hasta el punto de encontrarse su cuenta de Facebook hackeada y con una publicación incómoda: una foto con el mejor amigo de su marido, con el que en el pasado tuvo una aventura y que casi les cuesta el divorcio. "Aquí estoy, en este pueblo de mierda. Echándote de menos como lo hacía entonces. Démonos la oportunidad que no nos dimos". Bombazo. No puede eliminar la publicación, lo ha denunciado a la red social pero ya es demasiado tarde. Lo curioso es que había eliminado su perfil, pero el intruso había accedido a la cuenta. No tengo ni idea de si eso se puede hacer, más allá de saber que nuestra información permanece imbatible en Google. Si esto fuera real, es para debatirlo.

 ¿Publicar o no publicar nuestra información privada? Se ha normalizado de tal manera el dar a conocer nuestra vida diaria en redes sociales que ya nada sorprende y creo que vivimos casi todos con ello. Más preocupa que existan intrusos que puedan decidir por ti. Ese sí es un problema.

 La semana pasada entraba en vigor en Estados Unidos la llamada Rule 41 que habilita al FBI y a la policía a rastrear la pista de todo aquel que use la famosa deep web llamada TOR o una VPN dentro del país, con las que el usuario se adentra en un mundo con información cifrada y donde podemos decir podría buscar y comprar lo que le diera la gana, desde armas ilegales hasta un órgano. Hasta entonces si la agencia del Gobierno quería acceder al ordenador de un sospechoso tenía que preguntar a un juez federal, y hasta que no emitiera una orden judicial no podría hacerlo, y sólo en el Estado donde estuviera el PC. El Gobierno se convertirá en un hacker gracias a la herramienta NIT (Network Investigative Technique). Los críticos de esta ley no es que estén en contra de detener a pedófilos, sino que afirman que podrían perseguir incluso al que se baja cualquier contenido en Torrent. ¿Cómo diferenciar al que piensa en delinquir del que sólo está investigando o curioseando como persona libre que es?

 La duda es: ¿por qué no perseguir lo importante, a toda esa gente que se aburre demasiado como para violar la privacidad de gente normal, que no ha cometido otro pecado que usar de manera inocente una red social? ¿Cómo nos puede afectar en España la medida teniendo en cuenta que los servidores de Facebook, Yahoo, Twitter o Google se encuentran en Estados Unidos?

El director del FBI, James Comey y el creador de Facebook Mark Zuckerberg tapan con cinta adhesiva la cámara y micrófono de su ordenador. "Me puse un trozo de cinta adhesiva sobre la cámara, porque vi a alguien más inteligente que yo poniendo un trozo de cinta adhesiva sobre su cámara", confesaba Comey. Los ciberdelincuentes no tienen piedad. 

 El argumento casi delirante de la película El show de Truman ya no parece tan rocambolesco. La diferencia es que a nosotros nadie nos ha ocultado la realidad. Desvelar o no nuestra vida privada es asunto nuestro. Asumimos las consecuencias. Pero en este mundo globalizado e interconectado hay ciertos aspectos que dejan en el aire esa palabra: "seguridad". Todos usamos el mismo servidor, las mismas redes. ¿Somos carne de cañón? Amigo, así lo aceptó al usar las redes, al comprarse un ordenador, un móvil. Y si no, haga como los Amish. Y a ver lo que aguanta.

Fotografía de Marta G. Bruno

Marta G. Bruno

Directora de Cultura de LaSemana.es

Licenciada en Periodismo

Estudio Ciencias Políticas

Trabajo en 13TV

Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press