Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ANÁLISIS DE CULTURA

La mano tendida

Fotografía

Por Marta G. BrunoTiempo de lectura5 min
Cultura10-10-2016

"Es imposible ir por la vida sin confiar en nadie; es como estar preso en la peor de las celdas: uno mismo". La frase de Graham Greene debe tomarse en consideración desde todas las perspectivas, desde la que atiende a nuestras relaciones más cercanas, como a la que supone saltar al vacío y confiar en los desconocidos. Aplicado a la práctica: escojo unas palabras del escritor británico porque su obra no sólo explora los vaivenes del hombre de nuestros días, sino porque es uno de los que mejor ha descrito desde el género narrativo la historia del país que decidí visitar hace unos días y en el que aún sigo. Y una de las conclusiones a las que llego tomando esa frase como guía tiene que ver más con una advertencia que con buenos augurios.

Vietnam. El cómodo turista occidental pisa suelo asiático pero en el peor momento se refugia en su ansiado nicho occidental. Decidimos alejarnos de los mundanales grupos guiados, pese a explorar un nuevo continente que desconocemos, para conocer mejor la nueva cultura que empezamos a catar. Y descubrimos algo: el trato a los turistas es inmejorable, exclusivo, da la sensación de sentirse un millonario pese a llevar la mochila a la espalda y gastar una cuarta parte de lo que despilfarramos en Europa. Hasta que te ves en un autobús de larga distancia en el que eres el único extranjero. Nadie te entiende porque son aún pocos los vietnamitas que manejan el inglés. Y pese a sentirnos desprotegidos, pese a no entender muchas de sus costumbres, encontramos hospitalidad. Una sonrisa.

En A wavering Grace el periodista Gavin Young relata 30 años de relación con una familia vietnamita residente en Hue, la capital imperial hasta 1945. La novela está escrita en 1991. Mucho ha cambiado desde entonces. Porque desde nuestra habitación es difícil conciliar el sueño. Las paredes retumban al compás de la música occidental de los locales de moda. No se diferencian mucho las calles de las de la costa española más turística.

Buena parte de la población en Vietnam lo da todo por tener un IPhone 6. No existe calle, aunque se sitúe en la zona más pobre de la ciudad, que no tenga un establecimiento de telefonía móvil, repleta de los últimos modelos Smartphone. No había visto más concentración de móviles de la famosa marca jamás. Nuestra guía vietnamita de Sapa, una embriagadora región al norte del país que aún conserva parte de su esencia, nos explica con un ligero tono de preocupación que son pocos los que pagan una cuota de móvil al mes. No tienen dinero para comer poco más que un par de sopas Pho al día, su plato más tradicional. Pero lo poco que ganan lo gastan en ese lujo. Comer en Vietnam es baratísimo. La renta media es de 1.500 euros al año. Pero un IPhone vale lo mismo que en España. Y con todo, se lo compran.

"La gente mayor ve con preocupación el cambio que Vietnam está viviendo en los últimos 20 años, aunque sea cada vez más la gente joven que encuentra un trabajo". Nuestra guía es miembro de una etnia minoritaria que trata de conservar sus valores entre nuevas construcciones de un pueblo que está tomando por bandera la independencia que proclamó Ho Chi Minh y que comienza a olvidar con cada día menos escombros la colonización de los franceses y la guerra con Estados Unidos. "Es bueno para Vietnam, al parecer el Gobierno va a construir una nueva carretera, tenemos que escucharle". Nos lo dice mientras recorremos la actual entre baches.

La economía de Vietnam ha mejorado de forma visible en los últimos años. En 2015 alcanzó su mayor crecimiento en los últimos cinco con más de un seis por ciento gracias al sector servicios. La inversión extranjera comienza a mirar con buenos ojos al país mientras los BRICS dejan de ser el niño mimado. Hay quien habla de un "milagro asiático" mientras el resto del mundo vive amenazado. Es el Vietnam en el que han entrado las grandes franquicias internacionales. En la que Starbucks puso su primer pie en 2013 pese a que el país puede presumir de producir uno de los mejores cafés del mundo.

Pero el "Renacimiento" vietnamita del Doi Moi no es tan apreciable como dicen los números. La miseria sigue notándose en las calles. La desigualdad es un hecho cuando moles de cinco estrellas conviven con barracones. Cuando a los forasteros se nos trata como reyes mientras los vendedores ambulantes pasan el día en la calle con tal de vender unas cuantas piezas de fruta. La corrupción y el fraude fiscal se han disparado en el país asiático. Se ha deforestado una superficie de 100.000 kilómetros cuadrados.

Es con las etnias minoritarias de las lejanas montañas de Vietnam con quien logramos una mayor confianza. Donde la hospitalidad convive con la pobreza más tenaz. Donde los carteles con mensajes comunistas lucen con el reflejo del barro de las calles sin asfaltar. Donde recibimos ayuda desinteresada. Es la confianza del forastero la que desarrollamos gracias a ellos. Con gestos y la mano tendida. Pasan los días en Vietnam desconcertados. De vez en cuando despertamos de nuestro sueño asiático al ver que Occidente ha entrado de lleno en su manera de vivir. Hay días que terminan con el desasosiego que produce el ver que lograron la independencia pero viven aún lejos de lo que podrían llegar a ser. Muchos nos dicen que son felices así. Nosotros volvemos con ganas de tender un poco más la mano.

Fotografía de Marta G. Bruno

Marta G. Bruno

Directora de Cultura de LaSemana.es

Licenciada en Periodismo

Estudio Ciencias Políticas

Trabajo en 13TV

Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press