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SIN CONCESIONES

Crónica de un viaje a Donosti

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura2 min
Opinión10-04-2001

San Sebastián, el País Vasco. Es domingo. Pasan pocos minutos de las siete de la mañana. Ni siquiera ha salido el sol. Donosti despierta al paso de los vagones de tren en la estación. Todo está callado y en silencio. Los únicos ruidos que escucha la todavía noche proceden de tres o cuatro bares que permanecen abiertos. Dentro, son todos jóvenes. Chicos y chicas con poco más de 18 años. En algunos casos, quizá ni eso. Beben, fuman -de todo- y hablan. Charlan muchísimo. Parecen gente de buena fe. San Sebastián es una ciudad tranquila. Al menos, da la sensación de serlo. Sale el sol y da los buenos días a las olas, que golpean violentamente contra las rocas. Forman una comunión perfecta. La naturaleza siempre suele ser así. Luego llega el hombre y la corrompe y maltrata. Basta con fijarse en George W. Bush, en sus promesas, en su palabra y en sus acciones. Así son los políticos, en todas partes. Y en San Sebastián, no podía ser de otro modo, haberlos haylos. Mejores y peores. Algunos viven en paz y libertad. Son sólo unos pocos, porque en el País Vasco eso es un privilegio. Son felices y viven tranquilos, igual que la ciudad de San Sebastián. En cambio, otros arriesgan la vida para poder ser felices, ya ni siquiera para serlo. Y eso, en Donosti, se aprecia en la calle. Ha terminado la tranquilidad. Salir de casa es, para muchos, un riesgo. Para quienes pasean al lado suyo o nos cruzamos con ellos, también. Caminan por La Concha con guardaespaldas y toman un vino con dos personas permanentemente detrás de ellos. El miedo vuela por el aire. Todo el que pasa por allí lo respira y lo siente. San Sebastián siempre fue una ciudad tranquila pero, ahora, la regla se rompe en ciertos momentos. Sólo cuando llega la noche y el sol se oculta, la paz y la tranquilidad llega a casa de la mayoría. A veces, dormir es lo más seguro. Otras, lo más peligroso. Termina el domingo e inicio el regreso. Donosti queda lejos en la ventanilla del tren pero permanece perenne en el recuerdo. El silencio conquista de nuevo la calle de noche pero las amenazas de muerte persisten.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito