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ANÁLISIS DE CULTURA

La máquina del fango

Fotografía

Por Marta G. BrunoTiempo de lectura4 min
Cultura24-02-2016

No podemos ocuparnos demasiado de la cultura, nuestros lectores no leen libros, como mucho, La Gazetta dello Sport”. “Lucidi, tendrá que ser muy hábil para decir acaso y quizá y contar con lo de que de hecho aconteció después. Con algún nombre de político, distribúyalos bien entre los distintos partidos, meta por en medio también a la izquierda, deje entender que el periódico está recopilando otros documentos, y dígalo de manera tal que se mueran de miedo”.  Decir que sabes una cosa que el otro no como método útil de amenaza.

Podrían ser las directrices de un director cualquiera de un nuevo medio en el horno cualquiera. Frases que desprenden un tufillo de mofa hacia el lector. Lo son. ¿Podría ser verdad? Sí, aunque en este caso no. Son las frases lapidarias de un autor que no las escribe sin conocimiento de causa, sino con el propósito claro de denunciar lo que ocurre en los medios de comunicación y los hilos políticos y empresariales que los mueven. ¿Cómo sobrevivirían si no? ¿es que alguien ha inventado la fórmula infalible que logre un periodismo completamente libre de ataduras? Umberto Eco no lo consiguió, aunque al menos se desahogó sin miramientos en Número Cero para denunciar la manipulación.  

“¿Por qué ha querido un espía en la redacción?” se pregunta uno de los protagonistas del libro. “Porque no es importante que nos espíe a nosotros, ¿qué puede contar, aparte de cosas que los servicios entenderían perfectamente leyendo uno cualquier de nuestros números cero? Pero nos puede traer noticias que él ha sabido espiando a los demás”.  En efecto, el periodismo es un oficio de arrastre, de fango, de ensuciarse las manos para limpiarlas después y empezar un nuevo día. Pero también es una profesión de sabuesos, da igual el método. Las noticias llegan, el cómo es otra historia que merece trescientos libros más.

Lo que más me gusta de Eco es la ironía, virtud que cae en manos de unos pocos, para explicar su apocalipsis con los medios de comunicación y la serie de tópicos que lo inundan. “Hala, señorita Fresia, aquí tiene su primera tarea, póngase a leer periódicos y revistas que publiquen horóscopos, extraiga patrones recurrentes. Y limítese a los pronósticos optimistas, a la gente no le gusta que le digan que el mes que viene morirá de cáncer”. Sí, amigos lectores. La divertida y ansiosa costumbre de leer el horóscopo de uno y el de todos los que le rodean se ha convertido en un hábito que anima y desespera a partes iguales. Pero siento desilusionar al confirmar que, efectivamente Eco tiene razón. Salvo excepciones, los ilusionados becarios ocuparán sus primeras horas en las hacinadas redacciones inventando predicciones a cada cual más ingeniosa. Que no digo que no sea divertido. Pero sí, es, a pequeña escala, otra escena más de este, a veces, teatro. Y digo a veces porque no seré yo quien embadurne de barro del todo la profesión. Que pese a manipulada, también es sincera. Sí, lectores, todavía tenemos cerebro con el que plasmar los hechos que vemos en la calle, aún queda algo de honestidad.

“Si una cosa no puede usarse para mentir, en ese caso tampoco puede usarse para decir la verdad: en realidad, no puede usarse para decir nada”. En Tratado de semiótica general (1975), Eco explica que la semiótica es la filosofía de la vida moderna. ¿Algo es verdad o mentira? Ninguna de las dos. Lo difícil es divertir con esta profusa ciencia, y el italiano lo consigue. Es decir, era el ejemplo tan desconocido de la fusión de alguien accesible a la par que complicado, antónimos que se hacen sinónimos en un solo señor.

 Y Umberco Eco no se ha ido sin recordarnos antes que Internet puede hacer nacer el periodismo malo (yo añadiría que el bueno también). ¿Se puede controlar la veracidad de lo que aparece en la red? Eco asegura que es imprescindible. Yo diría que es imposible. Redactar noticias a base de sospechas y respirar gracias a escapes como “podría” y “supuestas” para evitar acusar a alguien de forma directa. Pero yo añadiría que eso ha existido siempre.

Me gusta que los periodistas hagamos autocrítica del oficio como compromiso social, aunque sea llevado al extremo con un libro que relata el lanzamiento de un periódico creado para extorsionar, o “máquina del fango”, como lo llaman en Italia. Ahora cada cual que se mire al espejo o no con esta obra. Y respiremos tranquilos, porque el periodismo es aún garantía de democracia.

Fotografía de Marta G. Bruno

Marta G. Bruno

Directora de Cultura de LaSemana.es

Licenciada en Periodismo

Estudio Ciencias Políticas

Trabajo en 13TV

Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press