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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Hasta que los infieles quieran

Fotografía

Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura3 min
Internacional18-01-2016

El terrorismo islamista va a seguir haciendo estragos y amedrentando a Occidente hasta que los considerados infieles quieran. Así de claro.

Los yihadistas deben de estar frotándose los ojos ante tanta pasividad de los gobiernos mundiales. Estos últimos ponen el grito en el cielo y se lamentan cuando sufren ataques, pero poco más, tienen la efervescencia inicial de la gaseosa y la tranquilidad del agua estancada, con el riesgo de que empiece la putrefacción.

Europa se ha centrado en hacerse fuerte económicamente y ha dejado en un segundo plano la unidad política, tan necesaria en estos casos. Además, arrastra muchísimos complejos heredados y mantiene un buenismo que muchas veces le hace parecer tonta.

El denominado Estado Islámico (Daesh) conoce esa debilidad y la aprovecha hasta el extremo. Lo hace y lo va a seguir haciendo porque es una organización criminal con largos tentáculos y porque tiene perfectamente claro cuáles son sus objetivos y cómo alcanzarlos. Por si no fuera suficiente, también dispone de generosas fuentes de financiación y de un aparato propagandístico muy efectivo, tanto para captar nuevos seguidores como para generar pavor en el enemigo.

Para Daesh, Europa es el lugar más próximo geográficamente, el más débil, el más inmovilista y al que más le cuesta usar una posición de fuerza. Cada ataque terrorista es una pequeña victoria para ellos y una gran derrota para Occidente, que no se atreve a utilizar todo su potencial para detener esta gran amenaza. Estambul y Yakarta han sido los últimos objetivos, pero cualquier ciudad o lugar del mundo puede ser objetivo, porque matar es muy fácil y siempre hay alguien dispuesto a ello.

El terrorismo islamista es, actualmente, el mayor desafío que tiene la comunidad internacional. Es una guerra que hay que combatir, pero que Occidente no se atreve a hacer porque todavía cree que es suficiente con las políticas aplicadas hasta la fecha, porque tiene miedo a perder miles de soldados, porque cree que Daesh se irá desinflando y porque esta contienda no es convencional.

Sin embargo, si uno se para a analizar los conflictos bélicos de los últimos siglos, es fácil ver que todos ellos fueron distintos. Hay grandes diferencias en la forma de luchar, en la tecnología y en las armas utilizadas y en el número de bajas.

Ahora, el enemigo está identificado, pero es difuso, se mimetiza mejor entre la población civil y es más difícil de combatir. Sin embargo, esto no significa que no se le pueda derrotar. La clave está en tener la valentía y el coraje suficientes para hacerles frente, sin complejos, pero complejos todavía hay muchos en Europa. Es habitual observar a gente que abandera el diálogo y el "no a la guerra", pero que son los primeros que piden responsabilidades a las víctimas (y no a los verdugos) cuando se sufre un ataque.

Evidentemente, a nadie le gusta una guerra, pero, lamentablemente, hay veces que es la única solución, y aún más cuando se están sufriendo continuos ataques por parte del enemigo. Habría que imaginarse cómo sería el mundo ahora, si los aliados no le hubieran hecho frente a Hitler, y si Estados Unidos no se hubiese involucrado activamente en la Segunda Guerra Mundial poniendo a sus soldados (con miles y miles de bajas) sobre el terreno, en otro continente, tan alejado del suyo.

Han pasado décadas desde entonces, pero todo parece indicar que otra vez va a tener que ser Estados Unidos el que le saque las castañas del fuego a Europa. Solo falta ver y saber cuántos muertos más va a tener que seguir sufriendo Occidente hasta que se decida actuar de forma coordinada y contundente.

Fotografía de Isaac Á. Calvo

Isaac Á. Calvo

Licenciado en Periodismo

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación

Editor del Grupo AGD