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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Soy Baltasar

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad04-01-2016

Siempre he sido del rey Baltasar, ese personaje que, acompañado de dos colegas, visita a los niños la madrugada de cada seis de enero. Sí, y Baltasar es el negro y, si no me equivoco, el que se supone que llevó mirra al niño Jesús, ese ungüento para embalsamar a los cadáveres (¡Menudo regalo para un recién nacido, por mucho Dios que sea!). Gran tipo debió de ser Baltasar para protagonizar tal gesto...

Y este año también soy del rey Baltasar, rey y no reina feminista; rey porque su apellido es el mío gracias a mi abuela materna, una mujer de carácter, curtida, víctima infantil de la guerra y del hambre; y de la explotación como asistenta, a pesar de la supuesta grandeza de su procedencia (¡Un mismísimo rey mago!) y del paso de los años que ha marcado en su rostro un mapa de surcos. De nuevo soy de Baltasar, porque con su presencia ante el Niño representó que todos los hombres somos iguales, reyes y mendigos, sabios y torpes, ricos y pobres: porque nos iguala su gran referencia.

Y, aunque mi abuela tenga los ojos claros, proceda de un pueblo serrano y no del África profunda y su tez no sea oscura, seguiré siendo del rey Baltasar, por cabezonería, por llevar la contraria y, también, por la ilusión romántica que me suscitan historias reales de pequeños que siguen creyendo en lo que simboliza mi antepasado y sus colegas. Y, pese a quien pese, un año más, ha vuelto a ocurrir: soy (del rey) Baltasar.

Ni una muñeca, ni un dispositivo móvil, ni unas zapatillas de moda: una guitarra. Éste es el regalo que dos niñas de apenas ocho añitos sueñan con encontrar junto a sus zapatos la mañana de este seis de enero. Es el regalo que han pedido a los Reyes Magos, y la noticia ya ha supuesto todo un regalo para esta ñoña de costumbres de reminiscencias católicas (quizás sea este el motivo que tanto molesta) y cuya memoria escuece como el vinagre en la herida de la intolerancia de quienes apelan en la igualdad, pero a su modo.

El mío es el modo de Baltasar, como anuncia mi cuarto apellido; y el de esas crías que quieren una guitarra no porque la hayan visto anunciada en la televisión ni un viral tecnológico les haya bombardeado. Desean tener uno de esos instrumentos porque han vivido la experiencia de escuchar la música desordenada y desafinada de un humilde coro de misa, una extraña celebración que tanto sentido da a quienes, como los reyes magos, adoramos al Niño de Belén. Por mi apellido y por todo eso, un seis de enero más, como todo el año, soy Baltasar.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo