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EL REDCUADRO

Se acabó el carbón

Fotografía

Por Antonio BurgosTiempo de lectura4 min
Opinión17-05-2015

El tres es un número mágico en el toreo. "Uno, dos y tres, tres banderilleros en el redondel", recitaba Gabriela Ortega en el cadencioso poema de Benítez Carrasco. Tres banderilleros llevan en su cuadrilla los diestros actuantes. Que son tres. A cada toro le ponen tres pares de banderillas. Y tres son los tercios de la lidia. Y tres los avisos que puede oír el torero cuando está quedando como Cagancho en Almagro y no acaba de dar muerte el toro. Esos avisos se los ordena dar al clarinero un presidente que está en un palco, formando también tríada con el asesor artístico y con el veterinario. Y esos tres avisos, tres, son los que le han dado a Susana Díaz en su pretendida investidura en el ruedo del Parlamento Andaluz. Si en Andalucía en vez de Estatuto de Autonomía hubiera Reglamento Taurino, que sería más propio, ya le habrían echado a Susana Díaz el toro de su investidura al corral. La investidura se le ha puesto durísima. ¡Y dos huevos duros en este camarote meridional de los Hermanos Marx!

Así no hay manera. Pero más que al Reglamento Taurino y al toro al corral, las reiteradas negaciones a Susana Díaz me recuerdan al carbonero de Triana que de chiripa no entró Juan Ramón Jiménez entre sus currelantes de "El trabajo gustoso". Eran los años de la retaguardia sevillana en la guerra civil. El carbonero de Triana veía que en todos los periódicos, en todos los escritos oficiales, en los papeles, en el parte de guerra en Radio Sevilla, siempre se remataba con una media verónica: "1937, Segundo Año Triunfal" o "1938, Tercer Año Triunfal". Y un buen día, por las carestías derivadas del conflicto, porque no podían ir a la sierra los piconeros del cuplé de Imperio Argentina, fue que se quedó sin mercancía que vender en su carbonería. ¿Para qué abrir, si no hay carbón que vender?, pensó. Y como no podía vender ni una escoba, se le ocurrió cerrar por aquel día la carbonería. En cuya puerta, muy de acuerdo con el espíritu imperial de los tiempos que corrían, puso escrito con cisco picón sobre un cartón un letrero que decía, con la solemnidad de un jerarca de Falange:

"Se acabó el carbón. Tercer año triunfal".

Un letrero así tenía que haber puesto Susana Díaz a las puertas del Parlamento, tras presentar su dimisión, obviamente. Un letrero escrito, ¿qué digo yo?, con la tinta de las facturas falsas, o de los expedientes de los ERE, o de los cursos de formación, que dijera:

"Se me acabó el carbón. Tercera votación de investidura triunfal".

Porque a Susana se le ha acabado el carbón. No solamente no tenemos aún oficialmente de presidenta en Andalucía a la trianera del Tardón que hablaba como La Pantoja, que tenía su misma soberbia y que se iba a comer el mundo, sino que el PSOE se ha quedado sin lideresa nacional. No sólo le han dicho que nanai de la China a pactar con el Partido de los ERE, ni siquiera por el método de la abstención, sino que dónde vas con mantón de Manila, queriendo ser la lideresa del PSOE en toda España. Susana Díaz se hizo su propio cuento de la lechera. Lo que iba a sacar cuando el dedo del imputado Griñán la puso de presidenta iba a ganar de calle las elecciones anticipadas, e iba a llegar a Madrid, a la calle Ferraz y a la Moncloa, a alta velocidad, sin necesidad de Ave. Otro globo que se desinfla en esta temporada de perros deshinchados, como Podemos y Ciudadanos en las encuestas. Como a Susana se le acabó el carbón, ya no es que no vaya a ser la lideresa nacional del PSOE quitando al Guapito de Cara, es que veremos a ver si no empieza ya el alboroto y el tiroteo de "Váyase, señora Díaz". Se le acabó el carbón, ha oído los tres avisos y le han echado el toro al corral. Aquella lideresa nunca existió. Lo que sigue existiendo es el Régimen Andaluz, que sigues levantando una piedra y te sigue saliendo una mina de Aznalcóllar adjudicada a dedo a un adicto. ¡No es Susana, es el Régimen, imbéciles!

Fotografía de Antonio Burgos

Antonio Burgos

Columnista del diario ABC

Andaluz, sevillano y del Betis

** Este artículo está publicado en el periódico ABC y posteriormente recogido de AntonioBurgos.com por gentileza del autor