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ANÁLISIS DE CULTURA

Steve Jobs: el imperio se desvanece

Fotografía

Por Marta G. BrunoTiempo de lectura2 min
Cultura18-09-2013

Sería sumamente difícil resumir su vida en 122 minutos. Y el resultado demasiado superficial para el hombre que montó un imperio que, raro es, aún se mantiene sobreviviendo a los vaivenes propios del mercado pese a lo arriesgado de los nuevos proyectos de su empresa. A su magnetismo y valía emprendedora se unía esa mezcla de egocentrismo y valentía que caracteriza a la sociedad americana, con muchas veces más aciertos que errores. Steve Jobs jamás dio palos de ciego. El fracaso para él siempre estuvo unido a la innovación como hermanos gemelos. Vivir a costa de los padres no fue su opción, tampoco tuvo esa “suerte”, y gracias a Dios que así fuera. Mucho trabajo e ingresos ínfimos, pero un objetivo en su mente. Decía Alfred North que el desvanecimiento de los ideales es la triste prueba de la derrota del esfuerzo humano. Es esa y no otra la clave para triunfar en esta vida. Los que las mantienen pese a la crisis que toca vivir resurgen victoriosos. Los que se balancean entre el sí y el no corren el serio riesgo de desaparecer con la tempestad. Una cosa está clara. No todo el mundo tiene el don de Jobs, y por eso la manzana que antaño coloreaba los escritorios de nuestros padres está perdiendo esa fuerza, mientras el heredero de su fortuna trata de encontrar el camino para que no acabe pudriéndose y venciendo ante las fuerzas de la competencia. De momento, y también arrastrados por la ausencia de Jobs, muchos fans incondicionales de esta marca han vapuleado su nuevo modelo sin pudor alguno. Se echa en falta al genio de la informática. No son todo flores. La obsesión por la perfección es la cara mala de la genialidad, el yugo molesto que acompaña hasta el final de los días, la crueldad del inconformismo que aprieta sin descanso buscando lo mejor entre lo mejor. Da igual si el susodicho proviene de la alta cuna o del más humilde de los barrios obreros. Pero su legado es su mejor sacrificio: preocuparse por los detalles, siempre consciente de las limitaciones, sin miedo al error y siempre sin pensar que copiando al vecino llegará el triunfo. El manual está escrito.

Fotografía de Marta G. Bruno

Marta G. Bruno

Directora de Cultura de LaSemana.es

Licenciada en Periodismo

Estudio Ciencias Políticas

Trabajo en 13TV

Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press