ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
Un respiro para Al Asad

Por Isaac Á. Calvo
2 min
Internacional16-09-2013
El ataque internacional a Siria como represalia por usar armas químicas contra civiles se está tomando lo que, comercialmente, se llama un Kit Kat. Cuando la maquinaria bélica aliada estaba lista para castigar al régimen de Bashar al Asad empezaron a surgir las dudas entre sus impulsores. El primero en descolgarse fue Reino Unido, cuyo Gobierno no consiguió el respaldo parlamentario. Poco después, sorprendentemente, Barack Obama se echaba para atrás porque considera necesario obtener el visto bueno del Congreso. Dada la burocracia de este proceso institucional, la decisión se retrasa varias semanas. Durante este tiempo, Obama está haciendo una campaña, apoyada con vídeos, en la que defiende la necesidad de tomar medidas contra Siria, y que busca convencer a la opinión pública estadounidense. Este receso, que supone un auténtico respiro para Al Asad, se ha visto consolidado por la propuesta rusa de controlar el arsenal químico de Siria. Esta iniciativa fue tomada con recelo pero se está consolidando entre las principales potencias y, además, es vista con buenos ojos por las autoridades sirias. El Gabinete ruso, que no oculta su sintonía con el régimen de Al Asad, ha logrado un importante éxito diplomático con su plan de control y debe estar satisfecho. Por un lado, se aplaza el castigo militar. Por otro, pone de manifiesto que el Kremlin mantiene una gran influencia en numerosos países y en las relaciones internacionales, algo que quedó eclipsado por Estados Unidos tras el desmoronamiento de la Unión Soviética. Sin embargo, el control extranjero del armamento químico sirio no debe considerarse como una panacea y como el fin del problema existente desde hace muchos meses en Siria. La guerra civil en ese país se ha cobrado decenas de miles de vidas mediante el uso de armas convencionales, ha provocado gran número de refugiados y enorme destrucción. Todo ello, mientras la comunidad internacional miraba para otro lado. Ojalá que el salvaje ataque químico haya abierto los ojos a los líderes mundiales y sea el punto de partida para encontrar una solución lo más justa posible. Es difícil porque suelen primar más los intereses que las personas. En este tipo de conflictos, lo más adecuado es buscar un acuerdo que englobe e integre a las partes enfrentadas. Apostar solo por uno de los bandos tiene resultados a corto plazo, pero realmente se está poniendo un parche y tiempo después los problemas pueden volver a aparecer de forma más virulenta.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD






