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ROJO SOBRE GRIS

El hombre que yo soy

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura2 min
Opinión25-07-2013

A lo mejor es por el calor, y las gotas no llegan a tocar el suelo porque se evaporan en el trayecto. A lo mejor sólo les da tiempo a mojar al viento porque huele a tierra húmeda pero el suelo está seco. Huele a tormenta, y a verano, y a mojado; y a que, sin llover, ha llovido. Leo “A la zaga”, una conferencia del gran historiador contemporáneo Eric Hobsbawn hecha libro. Me gusta el título: “A la zaga”. Significa “ir por detrás”, y tiene gracia: es una reflexión sobre las vanguardias artísticas del siglo XX, las que supuestamente iban por delante. Hay un juicio sobre ellas: fracasaron en su intento de proponer nuevas formas de mirar el mundo que sustituyeran a las que consideraban ya viejas. Dice Hobsbawn que fueron la fotografía y el cine las que revolucionaron la escena. No la pintura, ni la escultura, sino la ciencia, la técnica, y el mercado de belleza democratizado para las masas. Que la revolución del arte vino desde fuera del arte. Y que sólo cuando las vanguardias renunciaron sus pretensiones revolucionarias, y se reconocieron en su realidad cochambrosa, pudieron –sin pretenderlo- ser de alguna manera algo parecido a una expresión de los nuevos tiempos, un destello del mundo nuevo y del hombre. Hobsbawn explica que estos nuevos vanguardistas no querían destruir el mundo ni revolucionarlo: que lo aceptaban y que, incluso, les gustaba. A Warhol lo considera uno de ellos, y dice: “Se dieron cuenta de que en la sociedad de consumo ya no había lugar para el arte visual tradicional, excepto, por supuesto, como forma de ganar dinero”. He oído recientemente que el arte no tiene por qué ser bello, que arte y belleza no son necesariamente dos caras de una misma moneda. No entiendo aún muy bien qué quiere decir eso, pero me suena raro, a sin rumbo, a viejo. A necesidad de hondura. A herida de muerte. Y este verano quiero descubrir qué significa. (Mi ahijado no quiere ser rana ni príncipe. “Yo quiero ser hombre, que es lo que soy”, me dice hace unos días. “¿Pero un hombre como quién?”, le pregunto. “Pues como el hombre que soy yo”, me respondió. Tiene 8 años. Y sabe naturalmente que las cosas son lo que son. A él le dedico este rojo sobre gris).

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo