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ANÁLISIS

Tonto el que dimita

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura2 min
España22-07-2013

No hace falta ser un experto rajoyólogo para saber que España tiene un presidente al que le cuesta tomar decisiones. Si ya es complicado arrancarle tres preguntas en una rueda de prensa, como para pedir encima que tome la decisión de abandonar e irse a su casa. En España no hay cultura de dimitir, eso es así. Una característica como otra cualquiera que nos diferencia y distancia del resto de Europa donde dicen que hay ministros que dimiten por copiar unos párrafos de su tesis doctoral. En España lo que se lleva es pedir a alguien que dimita, pero que luego gane las elecciones, incluso con mayoría absoluta. El despilfarro en Valencia ya se conocía antes de que los de siempre volviesen a ganar de calle. Los EREs en Andalucía salieron a la luz y eso tampoco supuso un cambio de Gobierno. La Gürtel hizo el agosto en municipios de la Comunidad de Madrid y a ver quién es capaz de encontrar uno en el que haya cambiado el poder. La vida es cuestión de resistir, le advertía Rajoy a Bárcenas. Y lo peor es que puede que tenga razón. Los periodistas llevamos años escribiendo eso del "estallido social" y salvo cuatro palos en tres manifestaciones el país sigue esperando a que la tormenta escampe con más resignación que furia. Se gasta toda la fuerza en rasgarse las vestiduras en casa y luego ya no queda ni memoria para saldar las cuentas en las urnas. Rajoy tiene mayoría absoluta. Nadie le puede mover de donde está. Tampoco se anuncian movimientos claros en el PP para moverle la silla. Al menos de momento. Se habla de la presión que puedan ejercer desde el exterior. En Europa se preguntarán, con razón, cuántas horas al día dedicará el presidente de España a tapar sus pufos y cuántas a poner en marcha sus políticas. Y se preocupan, claro. Si en España no existe la cultura de dimitir es, entre otras cosas, porque no hacerlo también les sale gratis. O porque no se exige como un deber ético, sino como parte del pim pam pum en el que aquí se entiende la política. A Rajoy le quedan dos años de Legislatura. Y si para entonces España encima presenta síntomas de recuperación, seguramente le queden otros cuatro. La palabra dimitir seguirá siendo un nombre ruso y los SMS un recuerdo de hemeroteca al que acudir con la misma resignación cuando haya que exigir la dimisión del siguiente. Y luego, si la cosa va bien, volverle a votar.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio